Ir a la playa con niños pequeños: seguridad y juegos
Una playa es casi el lugar perfecto para un niño pequeño. Arena para cavar, agua para chapotear, espacio para correr y ningún mueble con el que chocar. También es un lugar con dos peligros reales que merecen respeto: el sol fuerte y el agua en movimiento. Si resuelves bien esas dos cosas, el resto es juego. Una buena seguridad en la playa con un niño pequeño no consiste en vigilar con angustia; consiste en tomar unas cuantas decisiones antes de sentarte, para poder relajarte y disfrutar del día.
Elegir la hora y el sitio
El calor y el reflejo son más duros en el centro del día. Si puedes, ve por la mañana o a última hora de la tarde en lugar de entre las once y las tres, cuando el sol es más intenso. Al llegar, coloquen sus cosas cerca de una zona con socorristas o salvavidas si la hay, y lean las banderas o los carteles sobre corrientes. Elige un lugar desde donde veas bien el agua y, a ser posible, con algo de sombra a la que retirarse.
Lo primero, protegerse del sol
La piel de los niños pequeños se quema rápido y el daño dura. Mantén a los bebés menores de seis meses completamente fuera del sol directo, a la sombra y cubiertos. Con los niños de uno a tres años, combina varias protecciones en lugar de confiar en una sola. Un sombrero de ala ancha, una camiseta y un pantalón de baño con protección ultravioleta y unas gafas de sol, si las aguanta puestas, reducen la exposición antes incluso de llegar al protector solar.
Después, aplica con generosidad un protector solar de factor alto y amplio espectro en toda la piel que quede al aire, y vuelve a ponerlo con frecuencia, sobre todo después de meterse en el agua o de secarse con la toalla. Una carpa desplegable o una sombrilla le dan un rincón fresco para dormir la siesta y comer. Los descansos a la sombra no son un castigo; son parte del día, y hacerlos a menudo le mantiene lo bastante a gusto para seguir jugando.
La seguridad en el agua es cercanía, no carteles
Los niños pequeños pueden tener problemas en agua muy poco profunda, y ocurre en silencio y deprisa, sin los gritos y los chapoteos que nos han enseñado las películas. Lo que más protege es quedarte al alcance de tu brazo siempre que tu hijo o hija esté cerca del mar. En la playa, "vigilar desde la toalla" no es suficiente con un niño pequeño; ahogarse es rápido y silencioso.
Pon una regla familiar sencilla: al agua solo se va con un adulto justo al lado, con la mano lista. Si están con otros adultos, túrnense para ser el encargado de vigilar el agua y digan en voz alta a quién le toca, para que nadie dé por hecho que otro está mirando. Cuidado con las olas que pueden tumbar a un niño pequeño, con la marea que sube y deja aislado su rincón, y con los inflables, que pueden alejarse sorprendentemente rápido con la brisa.
Agua y comida a mano
El sol, el viento y las carreras deshidratan, y los niños pequeños rara vez piden de beber hasta que ya tienen sed. Ofrécele agua a menudo. Lleva más de la que crees que necesitas, junto con meriendas fáciles que aguanten la arena y el calor. Atención a las señales de demasiado calor: un niño que se queda sin fuerzas, con un mal humor poco habitual, muy colorado o con la piel húmeda y pegajosa necesita refrescarse a la sombra y beber, y si no se recupera, volver a casa.
Qué llevar para un día tranquilo
- Sombrero, camiseta de baño con protección ultravioleta y protector solar, más una sombrilla o una carpa desplegable para tener sombra.
- Mucha agua y comida, y una muda de ropa.
- Pañales de agua para bebés y niños que todavía no controlan.
- Un par de toallas, una para secarse y otra para sentarse o dormir la siesta.
- Juguetes de arena sencillos: un recipiente para la arena, una pala, un par de vasos.
- Un botiquín básico con curitas o tiritas y cualquier medicamento que necesite.
Juegos de arena que entretienen durante horas
No necesitas equipo caro. La playa misma es la caja de juguetes. Cavar un hoyo y ver cómo se llena de agua de mar entretiene a la mayoría de los niños pequeños durante un buen rato. Llenar y vaciar un recipiente, decorar un montón de arena con conchas y piedras o hacer una "carretera" para los cochecitos. Juntar cosas en un vaso, conchas, piedras lisas, plumas, es un juego tranquilo y absorbente. Deja que lleve la iniciativa. Un día de playa con un niño pequeño funciona mejor cuando el plan es flexible y sigue su curiosidad en lugar de un horario.
Pies pequeños y otros peligros menores
La arena y las piedras pueden quemar muchísimo bajo los pies, así que unos zapatos de agua o unas sandalias ahorran lágrimas. Fíjate por si hay conchas afiladas, vidrios rotos o cualquier cosa arrastrada por el mar, y aparta con suavidad las manos curiosas de los animales marinos que no conocen. Enjuaga con agua limpia los ojos con arena y los raspones. Un descanso a la sombra y algo de comer muchas veces recomponen a un niño pequeño quejoso antes de que llegue a un estallido.
Cuándo pedir ayuda
La mayoría de los percances en la playa son leves. Busca atención médica si tiene señales de agotamiento por calor que no mejoran al refrescarle y darle líquidos, una quemadura de sol fuerte con ampollas, o si traga mucha agua de mar y después parece encontrarse mal, le falta el aire o tiene mucho sueño. Cualquier niño que haya estado bajo el agua y haya tenido dificultad para respirar debe ser valorado por un profesional, aunque parezca estar bien, así que fíate de tu instinto y pide ayuda si te preocupa.
Lo esencial: Dos cosas deciden un día de playa con un niño pequeño: una buena protección solar y quedarse al alcance de tu brazo junto al agua. Resuelve eso y el juego se cuida solo.