Cómo aprenden los niños la empatía y cómo enseñarla

Tu hijo o hija ve a un amigo llorar y, en lugar de consolar, se pone a llorar también. O le ofrece su mantita favorita a un adulto triste. Estos pequeños momentos son la empatía en su forma más temprana y desordenada. La empatía, la capacidad de entender y compartir lo que siente otra persona, no viene completa de serie, ni se puede enseñar dando instrucciones. Saber cómo enseñar empatía a los niños pequeños pasa por entender que crece poco a poco, a través de cómo se les trata y de los ejemplos que ven.

La empatía se desarrolla por etapas

Ayuda saber que la empatía se despliega a lo largo de años, no de semanas. Los bebés muestran las primeras señales cuando se inquietan al oír llorar a otro bebé. Entre 1 y 3 años empiezan a notar lo que sienten los demás, pero a menudo suponen que todo el mundo siente lo mismo que ellos, y por eso un niño pequeño puede ofrecer su propio peluche a un adulto triste. Es un gesto de cuidado precioso, aunque no del todo atinado.

Hacia los tres y cuatro años, los niños empiezan a comprender que otras personas pueden sentir algo distinto. A los cinco o seis, muchos ya pueden ponerse en el lugar del otro con más facilidad y ajustar su conducta. Esperar una empatía madura y constante de un niño de dos años es frustrante para todos. Acompañar a tu hijo o hija desde donde está hace que todo sea más suave.

La base es recibir empatía

Los niños aprenden la empatía primero recibiéndola. Un niño cuyas emociones se notan, se nombran y se aceptan llega a entender qué son esas emociones, y esa es la materia prima para reconocerlas en los demás. Cuando dices "Estás triste porque se cayó tu torre, qué decepción", no solo consuelas a tu hijo o hija: le enseñas el vocabulario emocional y la sintonía con los que se construye la empatía.

Así que la lección temprana más poderosa es, simplemente, responder con calidez a lo que siente. Un niño que se siente comprendido aprende, en lo más hondo, cómo se siente que te comprendan, y luego puede ofrecerlo a otros. Por eso una crianza cálida y atenta está en el corazón de enseñar empatía a los niños pequeños.

Muestra la empatía en voz alta

Los niños absorben mucho más de lo que hacemos que de lo que decimos. Deja que tu hijo o hija te vea y te oiga siendo empático o empática. Consuela a otros delante de tu hijo o hija. Habla de emociones, las tuyas y las de otras personas, como parte de la vida diaria. "La abuela parecía un poco sola hoy, así que la llamé para animarla." "Ese señor parece tener mucha prisa, debe de estar estresado."

Cuando te equivoques y hieras sus sentimientos, muestra cómo se repara: "Perdona que te hablara mal, no estuvo bien, y veo que te dolió". Así se ve la empatía en acción, incluida la humildad de darse cuenta cuando uno se ha equivocado.

Pon nombre a las emociones, también a las de los demás

Ayúdale a leer el mundo emocional poniéndole palabras. Señala emociones en la vida real, en los cuentos y en el juego. "Mira la cara de tu amigo, ¿cómo crees que se siente?" "La niña del cuento tiene miedo. ¿Qué podría ayudarla a sentirse mejor?" Estas pequeñas preguntas desarrollan su capacidad de notar e imaginar lo que sienten los demás, que es justo lo que pide la empatía.

Los cuentos son una herramienta especialmente rica, porque le permiten ponerse en la piel de otro con seguridad. Haz pausas al leer para preguntarse juntos qué sienten y qué deciden los personajes.

Guía los gestos amables con suavidad

La empatía es más que una emoción: se nota en lo que hacemos. Cuando tu hijo o hija ve a alguien disgustado, puedes guiar con suavidad una respuesta que ayude en lugar de exigirla. "Tu hermana está llorando. ¿Qué crees que la ayudaría? ¿Le preguntamos si quiere un abrazo?" Guiar en lugar de obligar mantiene la amabilidad auténtica.

Dale también oportunidades reales de cuidar a otros: ayudar a cuidar una mascota, consolar a un bebé, compartir la merienda. Los pequeños gestos de cuidado, cuando se notan y se agradecen, ayudan a que la empatía se convierta en costumbre y no en algo aislado.

Evita obligar o avergonzar

Es tentador exigir "pide perdón" o regañar con un "¿por qué hiciste eso? ¡lo hiciste llorar!", pero la vergüenza tiende a cerrar la empatía en lugar de abrirla. Un niño que se siente mal consigo mismo tiene poco espacio para centrarse en otra persona. En lugar de eso, señala con calma el efecto de lo que hizo: "Cuando le quitaste el juguete, tu amigo se puso triste. ¿Qué podemos hacer para que se sienta mejor?". Así el foco está en entender y reparar, que es donde crece la empatía.

Mantén expectativas realistas

Los niños pequeños se centran de forma natural en sí mismos, y eso es normal para su desarrollo, no egoísmo. Un niño pequeño que arrebata un juguete no carece de brújula moral; simplemente es pequeño. La empatía es un proyecto largo. A algunos niños, por temperamento, les resulta más fácil que a otros, y todos tienen días en que el cansancio o las emociones grandes dejan poco sitio a la amabilidad. La paciencia y el ejemplo constante hacen el trabajo lento y real.

Una nota sobre preocupaciones más amplias

La mayoría de los niños desarrollan la empatía de forma natural con un cuidado cálido y atento. Vale la pena comentarlo con tu pediatra o con la guardería si tu hijo o hija muestra muy poco interés por lo que sienten los demás en muchas situaciones y durante mucho tiempo, si le cuesta muchísimo conectar con otras personas o si te preocupa su desarrollo en general. Son conversaciones habituales y pueden darte tranquilidad o un apoyo útil.

Un camino largo que vale la pena

No enseñas la empatía en una sola lección: la cultivas con paciencia a lo largo de los años. Trata a tu hijo o hija con empatía, muéstrale la empatía en acción, pon nombre a las emociones dondequiera que las encuentres y guía las respuestas amables con suavidad. Si lo haces con constancia, tu hijo o hija crecerá hasta ser alguien que de verdad entiende y se preocupa por las personas de su alrededor.

Lo esencial: La empatía crece durante años a partir de recibirla, verla en los demás y oír nombrar las emociones en todas partes: responde con calidez y guía la amabilidad con suavidad en lugar de forzarla.

UNICEF, Parenting: How to teach children empathy

CDC, Positive Parenting Tips