Cómo enseñar las emociones a los niños pequeños: ponerles nombre
Un niño que puede decir "estoy enojado" tiene muchas menos probabilidades de pegar, tirar cosas o derrumbarse que un niño que solo tiene la emoción y ninguna palabra para ella. Poner nombre a las emociones le da a tu hijo o hija un pequeño asidero para algo que, si no, lo inundaría todo. La buena noticia es que no necesitas tarjetas ni un programa especial. Casi todo este aprendizaje sucede en los momentos corrientes del día.
Por qué ayuda poner nombre a lo que siente
Cuando pones palabras a lo que vive tu hijo o hija, consigues dos cosas a la vez. Le muestras que la emoción es normal y está permitida, y le das a la parte pensante del cerebro algo que hacer con ella. A veces se resume como "nombrarlo para calmarlo". La palabra no hace desaparecer la emoción, pero convierte una ola de sensaciones en algo que un niño puede empezar a notar, describir y, con el tiempo, manejar.
Enseñar las emociones empieza por aceptar que las emociones en sí nunca son el problema. El enojo, los celos y el miedo son parte de ser humano. Lo que tu hijo o hija está aprendiendo no es a dejar de sentir, sino a reconocer lo que siente y elegir qué hacer después.
Empieza por los momentos de cada día
No hace falta esperar a una gran rabieta para empezar. Pon nombre a las emociones también cuando aparecen en momentos tranquilos.
- Cuando se ríe en el parque, puedes decir: "Se te ve muy feliz corriendo".
- Cuando se cae la torre: "Qué frustrante que se caiga una y otra vez".
- Cuando termina su programa favorito: "Parece que te dio pena que se acabara".
Al nombrar las emociones pequeñas, las que no tienen mucho en juego, vas construyendo su vocabulario antes de que lleguen los momentos intensos. Así, cuando llega una ola grande, la palabra ya le resulta conocida.
Nombra tus propias emociones en voz alta
Los niños aprenden el lenguaje emocional oyéndolo. Dejar que tu hijo o hija te oiga nombrar lo que sientes, de una forma manejable, es una de las herramientas más poderosas que tienes. "Me preocupé un poco cuando no encontraba las llaves, así que respiré hondo y volví a buscar." Le muestras que los adultos también sienten cosas, que las emociones pasan y que hay cosas que puedes hacer para ayudarte.
Que sea sincero pero sin abrumar. Tu hijo o hija no tiene que cargar con tu estrés, pero verte manejar con calma la frustración de cada día enseña más que cualquier lección.
Usa cuentos, juego y dibujos
Los cuentos son una forma suave de explorar las emociones desde una distancia segura. Cuando lean juntos, haz pausas y pregúntate en voz alta: "¿Cómo crees que se siente ahora el oso?". Los libros con caras muy expresivas le sirven para unir el aspecto de una emoción con su nombre.
El juego hace lo mismo. Los títeres y los peluches pueden "tener miedo" a la oscuridad o "enojarse" al perder un juego, y tu hijo o hija puede practicar consolarlos. Un cartel sencillo con unas cuantas caritas en la cocina le da a un niño pequeño una forma de señalar cuando las palabras no salen.
Ve más allá de feliz, triste y enojado
Cuando las emociones básicas ya le resulten conocidas, amplía el vocabulario. Palabras como nervioso, emocionado, celoso, orgulloso, solo, avergonzado o tranquilo (y sus formas en femenino) le dan herramientas más finas. Un niño que distingue entre "preocupado" y "enojado" puede pedir tipos de ayuda muy distintos.
Puedes ampliar ese abanico de forma natural: "Creo que tienes ilusión y también un poco de nervios por la fiesta, y las dos cosas pueden pasar a la vez". Las emociones suelen venir mezcladas, y decirlo le sirve para entender los momentos confusos.
Qué esperar a cada edad
Un niño de 1 a 3 años mostrará sus emociones sobre todo con el cuerpo y la conducta, y quizá solo maneje una o dos palabras. Es completamente típico. Hacia los tres o cuatro años, muchos niños pueden nombrar varias emociones y empezar a hablar de por qué las sienten. A los cinco, algunos ya empiezan a notar una emoción que crece antes de que les desborde. El avance es irregular, y con cansancio o una enfermedad perderá habilidades durante un tiempo. Es normal, no un paso atrás.
Cuándo buscar un poco más de apoyo
La mayoría de los niños aprenden las palabras de las emociones poco a poco con el apoyo de cada día. Vale la pena comentarlo con tu pediatra si hacia los tres años tu hijo o hija muestra muy poco interés por las emociones o por las caras, si gran parte del tiempo le ves sin expresión o con mucho miedo, si pierde habilidades que ya tenía o si el malestar fuerte es frecuente, extremo y difícil de calmar. Son conversaciones habituales, y una orientación temprana suele tranquilizar más que alarmar.
Con suavidad y constancia
No buscas un niño que describa cada emoción a la perfección. Buscas un niño que sepa que las emociones son normales, que se pueden nombrar y que un adulto de confianza estará ahí para ayudar. Algunos días nombrarás una emoción de maravilla y otros simplemente sobrevivirás al supermercado. Los dos cuentan. Enseñar las emociones a los niños tiene que ver, de verdad, con el goteo constante de pequeños momentos cálidos a lo largo de meses y años, no con una única conversación perfecta.
Lo esencial: Nombra las emociones en voz alta en los momentos tranquilos de cada día, muestra las tuyas y amplía el vocabulario con el tiempo, para que tenga las palabras listas cuando lleguen las emociones grandes.