¿Elogiar el esfuerzo o el resultado? Cómo felicitar a tus hijos
Tu hijo o hija te trae un dibujo, o te enseña su cuarto recogido, o una torre que por fin se mantuvo en pie. En ese instante eliges qué decir, y resulta que esa elección importa más de lo que parece. La pregunta de si elogiar el esfuerzo o el resultado se ha estudiado a fondo, y las conclusiones son sorprendentemente prácticas. Las palabras que elegimos pueden ayudar a nuestros hijos a disfrutar de los retos o enseñarles, sin querer, a evitarlos.
La conclusión principal
La investigación sobre la motivación, sobre todo el trabajo asociado a la idea de la mentalidad de crecimiento, sugiere que elogiar el proceso que el niño controla (su esfuerzo, sus estrategias y su constancia) tiende a construir resiliencia y ganas de afrontar cosas difíciles. Elogiar rasgos fijos como ser "listo" o "tener talento" puede tener el efecto contrario. Los niños a los que se elogia por listos pueden empezar a proteger esa etiqueta evitando las tareas en las que podrían fallar.
Dicho de otro modo, un niño que cree que el éxito viene de intentarlo es probable que siga intentándolo. Un niño que cree que el éxito demuestra que tiene un don puede dejar de intentarlo en cuanto algo le resulte difícil, por si eso revela que no lo tiene.
Por qué "qué listo eres" puede salir al revés
Decirle a un niño que es brillante se siente como un gesto de amor, y no tiene nada de malo de vez en cuando. El problema llega cuando los elogios a la capacidad dominan. Un niño que oye "qué listo eres" cada vez que lo logra puede concluir que, si le cuesta, es que al final no es tan listo. Así que se dirige a las victorias fáciles y se aleja justo de los retos que le harían crecer.
Elogiar la capacidad también deja el resultado al mando. Si lo que trae la reacción cálida es ser listo, un resultado torcido se siente como un fracaso personal y no como un paso normal del aprendizaje.
Cómo suena elogiar el esfuerzo
Elogiar el esfuerzo no significa deshacerse en elogios por nada ni fingir que un garabato hecho deprisa es una obra maestra. Significa fijarte en lo que tu hijo o hija hizo de verdad.
- "Seguiste aunque esa parte era difícil."
- "Probaste de tres maneras distintas hasta que una funcionó."
- "Veo cuánto tiempo le dedicaste a esto."
- "Te daba nervios empezar, y aun así lo intentaste."
Fíjate en que estos comentarios describen lo que hizo, y eso puede repetirlo. Cuando dudes entre elogiar el esfuerzo o el resultado, la pregunta decisiva es sencilla: ¿mi comentario señala algo que mi hijo o hija puede volver a hacer la próxima vez?
¿Los resultados nunca merecen elogio?
Claro que sí. Los logros merecen celebrarse, y sería raro no reconocerlos nunca. El truco está en unir el resultado con el esfuerzo que lo hizo posible. "Practicaste muchísimo la lectura, y mira, leíste la página entera. Esa práctica dio frutos." Así disfruta del éxito y a la vez aprende que viene de lo que hizo, no de un don fijo que se tiene o no se tiene.
La idea es el equilibrio. Celebra el logro, pero mantén el foco sobre todo en el camino, para que aprenda que intentarlo es lo que hace que pasen cosas buenas.
Elogia con sinceridad y de forma concreta
Los niños notan los elogios vacíos, y demasiados pierden su significado. En lugar de un chorro constante de "muy bien", busca menos comentarios y más verdaderos, que muestren que de verdad prestabas atención. "Me fijé en que ayudaste a tu hermana a encontrar su zapato sin que nadie te lo pidiera" funciona mucho mejor que un vago "muy bien", porque es concreto y real.
Los elogios vacíos o exagerados también pueden aumentar la presión. Un niño al que se le dice una y otra vez que todo lo que hace es "increíble" puede empezar a temer no estar a la altura. Fijarse con sinceridad, calidez y detalle es más amable y más útil.
Fomenta la mentalidad del "todavía"
Parte de elogiar bien el esfuerzo está en cómo manejas los momentos en que las cosas no salen. Cuando tu hijo o hija dice "no puedo", puedes añadir una palabra pequeña y poderosa: "Todavía no puedes". Así la dificultad se presenta como una etapa del camino, no como un veredicto. Acompáñalo de ánimo sobre la estrategia: "¿De qué otra forma podríamos probar?".
Con el tiempo, esto le enseña que atascarse es pasajero y que el esfuerzo y las nuevas formas de hacer las cosas son el camino. Esa creencia es el verdadero premio, mucho más valioso que cualquier resultado concreto.
Un baño de realidad amable
No vas a acertar con las palabras siempre, y no hace falta. Un "qué lista eres" de vez en cuando no deshace toda una infancia de ánimos. Lo que importa es el patrón general que tu hijo o hija oye día tras día. Procura que el esfuerzo y el proceso sean la melodía principal, con los resultados como un estribillo alegre de vez en cuando.
No estás manejando la motivación de tu hijo o hija con un guion. Simplemente, la mayor parte del tiempo, pones tu atención en el intento y no solo en ganar. Hazlo con constancia y aprenderá la lección más útil de todas: que vale la pena intentar las cosas difíciles y que es el tipo de persona que sigue adelante.
Lo esencial: Elogia el esfuerzo, las estrategias y la constancia que tu hijo o hija controla, más que una inteligencia fija, y cuando celebres un resultado, únelo al trabajo que lo hizo posible.
American Academy of Pediatrics, HealthyChildren.org: Building Resilience