Qué contarle a la educadora de tu hijo para que sepa consolar
Conoces a tu hijo o hija como nadie. Sabes distinguir el quejido que significa sueño, la palabra que usa para su mantita, cómo prefiere estar en brazos cuando todo es demasiado. Cuando empieza la guardería, todo ese conocimiento vive en tu cabeza, y las educadoras empiezan de cero. Contarle al equipo de la guardería lo que le reconforta es una de las cosas más prácticas que puedes hacer para su adaptación, porque permite que un adulto nuevo le dé calma de una forma que ya le resulta familiar.
Por qué importan tanto estas señales
Una educadora de referencia solo puede ser una base segura para tu hijo o hija si sabe cómo darle consuelo. Sobre todo los primeros días, un niño que está mal necesita una respuesta que le resulte conocida, no una bienintencionada pero extraña. Al pasarle al equipo lo que reconforta a tu hijo o hija, les das un atajo hacia su confianza. Ese atajo puede marcar la diferencia entre un niño que se calma en minutos y uno que llora mucho más mientras la educadora descubre qué le funciona.
Qué cuenta como una señal de consuelo
Son todas las cosas pequeñas y concretas que le calman. Incluyen las palabras y frases que usas, las canciones que le cantas, cómo le gustan los abrazos y las caricias, sus costumbres para calmarse, como chuparse el dedo o enrollarse el pelo, el objeto de consuelo del que depende y las señales que da cuando tiene sueño, hambre o se satura. También incluyen lo que no le gusta, porque un niño que odia los balanceos o al que le molesta una luz fuerte necesita que los adultos de su alrededor también lo sepan.
No te olvides de las señales de sueño
La siesta suele ser donde más importan estas señales, porque un niño con sueño al que no se consigue dormir pronto se convierte en un niño con exceso de cansancio y angustia. Explica a las educadoras exactamente cómo se duerme: si necesita palmaditas, una postura concreta, su muñeco de apego, oscuridad, ruido blanco o una frase determinada, y las señales que muestran que tiene sueño antes de pasarse de cansancio. Acertar con la siesta suaviza todo el día, así que vale la pena dar detalles.
Explica sus palabras y sus gestos
Los niños pequeños suelen tener su propio vocabulario, y un niño angustiado que pide su "tete" o hace un gesto concreto puede desconcertar a una educadora nueva. Apunta las palabras importantes: la de su muñeco de apego, la leche, el baño, su juguete favorito y cualquier gesto o seña que use. Un pequeño diccionario permite al equipo responder a lo que pide en lugar de adivinar, y evita que una necesidad pequeña se convierta en un gran disgusto.
Ponlo por escrito y luego háblalo
La mayoría de las guarderías recogen esta información con una ficha sobre el niño, pero no te quedes solo con la ficha. Rellénala con cuidado y luego ten una conversación de verdad con su educadora de referencia antes o durante las visitas de adaptación. Hablando puedes añadir matices que una ficha no recoge, y la educadora puede hacerte preguntas. Compartir lo que reconforta a tu hijo o hija funciona mejor como un diálogo, para que ellas también te cuenten lo que observan y entre todos construyan una imagen común.
Mantenlo al día
Los niños cambian muy rápido, y una señal de consuelo que funcionaba el mes pasado puede haber sido sustituida por otra, o puede aparecer un miedo que antes no estaba. Trata esta información como algo continuo, no como una entrega única. Una palabra rápida en la entrada o una nota por la app de la guardería mantiene al día a las educadoras. Si tu hijo o hija pasó una mala noche, le están saliendo los dientes o está empezando a enfermar, avisar permite al equipo ajustar sus expectativas y su forma de dar calma.
Confía en lo que las educadoras aportan
Aunque lo que tú sabes es muy valioso, recuerda que las educadoras con experiencia también conocen pronto a tu hijo o hija y notarán cosas que quizá tú no ves, como su comportamiento en grupo o qué le calma en esa sala en particular. Los mejores resultados llegan al combinar tu conocimiento profundo de tu hijo o hija con su experiencia profesional. Estar abierto o abierta a sus observaciones, además de generoso o generosa con las tuyas, construye la alianza que le hace sentirse a salvo.
Cuándo mirar un poco más de cerca
Compartir estas señales suele suavizar la adaptación, pero habla con su educadora de referencia o con tu pediatra si tu hijo o hija sigue con un malestar intenso durante varias semanas aunque el equipo sepa cómo darle consuelo, si parece tener miedo y no tristeza, se retrae, o su sueño y su alimentación se alteran mucho durante bastante tiempo. Si sientes que la guardería no usa la información que compartiste o no responde a las necesidades de tu hijo o hija, es razonable plantearlo directamente y esperar una respuesta pensada.
Lo esencial: Cuéntale a las educadoras las palabras, las señales de sueño y las costumbres concretas que calman a tu hijo o hija, por escrito y en persona, y sigue poniéndolas al día a medida que crece.
AAP HealthyChildren, Soothing Your Child's Separation Anxiety