Objeto de apego en la guardería: cómo ayuda y cómo no perderlo
El osito con una sola oreja, la muselina suavizada de tantos lavados, la mantita que no se puede lavar demasiado por si pierde su olor: muchos niños pequeños tienen un objeto querido al que recurren cuando el mundo se les hace grande. Cuando empieza la guardería, ese tesoro puede convertirse en un aliado poderoso. Un objeto de apego en la guardería le da a tu hijo o hija un pedacito de casa al que agarrarse durante las horas en que no están juntos, y eso puede hacer que la separación se lleve bastante mejor.
Por qué ayudan los objetos de apego
A veces se les llama objetos transicionales, porque ayudan a un niño a pasar de la seguridad que le das tú a la independencia de arreglárselas sin ti. El peluche o la mantita llevan la tranquilidad de casa a un lugar desconocido y ocupan el lugar de tu presencia reconfortante cuando no puedes estar. Depender de un objeto de apego es una parte sana y normal del desarrollo, no una señal de debilidad ni de demasiado apego. Para un niño que empieza la guardería, puede ser justo el ancla que necesita.
Qué suelen permitir las guarderías
La mayoría de las guarderías entienden el valor de estos objetos y reciben con gusto que el niño lleve uno, sobre todo durante el periodo de adaptación. Aun así, las costumbres varían, así que pregunta qué permiten. Algunas dejan que el niño tenga el objeto todo el día, mientras que otras lo guardan en su mochila o en su casillero y lo sacan a la hora de la siesta o cuando el niño está mal. Conocer la forma de hacer de la guardería te ayuda a preparar a tu hijo o hija y a evitar decepciones la primera mañana.
Qué objeto llevar
Si tu hijo o hija ya tiene un favorito claro, casi siempre es la elección correcta, porque es ese objeto concreto el que da consuelo. Si no tiene ninguno, o te preocupa perder el único que tiene, el apego no se puede fabricar por encargo, pero sí puedes ofrecerle con suavidad un peluche o una mantita durante los mimos y a la hora de dormir en las semanas previas, y ver si lo adopta. Lo que importa es que el objeto le resulte seguro y conocido, no que sea nuevo o que combine con la mochila de la guardería.
Protégete del drama de perderlo
El gran riesgo de llevar un objeto querido a la guardería es perderlo, y para un niño esa pérdida puede ser devastadora de verdad. Toma unas precauciones sencillas. Marca el objeto con su nombre de forma bien visible. Si puedes, compra uno igual y ve alternándolos para que los dos huelan y se sientan igual, lo que además te ahorra una crisis a la hora de dormir si uno se pierde o está en la lavadora. Decide con tu hijo o hija, y con la guardería, si el objeto se queda en la mochila salvo cuando haga falta, lo que reduce mucho la posibilidad de que acabe olvidado en el arenero o en el abrigo de otro niño.
Cuéntale el plan a tu hijo o hija
Explícale cómo va a viajar su objeto de apego con él o ella a la guardería. Jugando en casa, puedes hacer que su osito lleve su propia mantita a una guardería de mentira, la guarde bien y la traiga de vuelta a casa. Asegurarle que su amigo especial también va, y que va a estar ahí esperando, puede quitar algo de miedo a la primera despedida. Además le da algo positivo en lo que fijarse en el momento de separarse.
Deja en paz sus costumbres para calmarse
Además de un objeto, muchos niños tienen costumbres para tranquilizarse, como chuparse el dedo, enrollarse el pelo o acariciar una etiqueta. Son formas normales de calmarse por sí mismos y, como el propio objeto de apego, suelen desaparecer de forma natural a medida que el niño gana seguridad. No hace falta desanimarlas durante el estrés de empezar la guardería, cuando tu hijo o hija necesita todas las fuentes de consuelo que tiene. Cuéntale estas costumbres a las educadoras para que respondan con cariño en lugar de intentar cortarlas.
Soltarlo, solo cuando llegue su momento
Puede que te preguntes cuándo debería dejar el objeto de apego, pero empezar o cambiar de guardería no es el momento de forzarlo. Un niño suele ir soltando su objeto poco a poco y a su ritmo, a medida que el mundo le parece más seguro. Deja que tu hijo o hija marque el camino. Intentar quitárselo durante una transición grande suele aumentar la angustia en lugar de construir independencia. Lo que con el tiempo hace que el objeto haga menos falta es la confianza, no retirar el consuelo.
Cuándo mirar un poco más de cerca
Un objeto de apego suele suavizar la adaptación, pero no cura todas las dificultades. Si tu hijo o hija sigue con un malestar intenso durante varias semanas a pesar de tener su objeto, parece tener miedo y no tristeza, se retrae, o su sueño y su alimentación se alteran mucho durante bastante tiempo, habla con su educadora de referencia o con tu pediatra. Del mismo modo, si la dependencia del objeto se intensifica de golpe junto con otros cambios preocupantes, vale la pena comentarlo, porque el objeto es un apoyo, no toda la historia.
Lo esencial: Deja que tu hijo o hija lleve su objeto de apego a la guardería, márcalo con su nombre, ten uno de repuesto si puedes y deja que lo suelte a su propio ritmo.