Protección solar para bebés y niños: sombra, ropa y protector
La piel de los niños es delicada y se quema con mucha más facilidad que la de un adulto, y las quemaduras solares en la infancia se asocian a más problemas de piel en el futuro. Al mismo tiempo, estar al aire libre es maravilloso para ellos, así que la meta no es dejarlos en casa sino disfrutar del aire libre con seguridad. La protección solar en bebés y niños es, en realidad, una suma de capas: sombra, ropa, sombrero y, cuando corresponde, protector solar, según la edad de tu hijo o hija.
Menores de seis meses: cuidado extra
Los bebés muy pequeños tienen la piel fina y sensible y todavía no regulan bien su temperatura, así que deben estar siempre fuera del sol directo. Usa la sombra de un árbol, una sombrilla o una capota o cubierta para el cochecito que deje pasar el aire, y evita tapar el cochecito con una manta, porque puede acumular calor e impedir que el aire circule. Como su piel es tan delicada, en general no se recomienda el protector solar antes de los seis meses, así que la sombra y la ropa hacen el trabajo de proteger. Viste a tu bebé con capas holgadas y ligeras que cubran brazos y piernas, y añade siempre un sombrero de ala ancha o una gorra con cubrenuca.
Sombra en las horas de más sol
El sol es más fuerte en las horas centrales del día, así que, cuando puedas, deja el juego al aire libre y las salidas para primera hora de la mañana o la tarde, y busca la sombra entre media mañana y media tarde. No se trata de evitar el aire libre, sino de elegir bien el momento. Cuando estén fuera, busquen sombra natural o improvisada para los descansos, deja el cochecito en zonas frescas y recuerda que la arena, el agua y los suelos claros reflejan el sol y pueden quemar aunque tu hijo o hija esté en una sombra parcial.
Cubrirse con ropa y sombrero
La ropa es una de las protecciones más fiables, porque no se va ni hay que volver a ponerla. Elige tejidos de trama cerrada que cubran hombros, espalda y la parte alta de las piernas, y piensa en una camiseta de baño o un traje de baño enterizo con protección solar para jugar en el agua, porque la piel mojada y la luz que refleja el agua aumentan las quemaduras. Un sombrero con ala o con cubrenuca protege la cara, las orejas y el cuello, que se olvidan con facilidad. Unas gafas de sol que cumplan una norma de seguridad reconocida protegen sus ojos del resplandor. La ropa por encima de la sombra es la base de todo.
Usar bien el protector solar
A partir de los seis meses, el protector solar cubre lo que la sombra y la ropa no alcanzan. Elige uno con factor de protección alto, al menos FPS 30, que proteja contra los rayos UVA y UVB, algo que suele indicarse en el envase con una protección UVA alta o las letras UVA dentro de un círculo. Aplícalo en abundancia unos quince a treinta minutos antes de salir y vuelve a ponerlo con regularidad, al menos cada dos horas y siempre después de bañarse, secarse con la toalla o sudar mucho. No olvides los rincones que se escapan: orejas, nuca, empeines, manos y la raya del pelo. El protector funciona mejor como complemento de la sombra y la ropa, no como sustituto.
Que no falten los líquidos
El sol y el calor van juntos, así que ofrece bebida con frecuencia durante el juego al aire libre. Los bebés que toman pecho pueden querer mamar más a menudo cuando hace calor, y esa es la forma correcta de mantener hidratado a un bebé pequeño, en lugar de darle agua. A los bebés mayores y a los niños se les puede ofrecer agua con frecuencia. Estate pendiente de las señales de que tiene demasiado calor, como la piel enrojecida, irritabilidad, cansancio o menos pañales mojados, y si las notas, busca un lugar fresco y ofrécele líquidos.
Crear buenos hábitos
Los niños aprenden a protegerse del sol mirando a los adultos, así que ponerte tu sombrero y tu protector y buscar la sombra es un ejemplo muy poderoso. Lleva siempre en la bolsa del bebé un sombrero, protector solar y una camiseta de repuesto, para tener la protección a mano. Habla de forma ligera y positiva de ponerse el sombrero antes de salir a jugar, para que sea tan normal como ponerse los zapatos. Con estas rutinas sencillas, protegerse del sol deja de ser una pelea cada día soleado.
Cuándo buscar ayuda
Casi siempre, después de estar al sol basta con refrescarse, beber y buscar sombra. Consulta, sin embargo, si tu bebé o tu hijo o hija tiene una quemadura solar fuerte con ampollas, mucho enrojecimiento, hinchazón o mucho dolor, o si parece encontrarse mal en general después de estar al sol. Las señales de agotamiento por calor o de golpe de calor, como una temperatura muy alta, respiración rápida, mareo, confusión, un sueño o una flojedad fuera de lo normal, vómitos o no sudar a pesar del calor, necesitan atención rápida, y el golpe de calor es una emergencia médica. Refresca a tu hijo o hija y ofrécele líquidos mientras buscas ayuda, y llama al número de emergencias si tiene mucho sueño, está confuso o confusa o no responde.
Disfrutar del aire libre con seguridad
El sol y el juego al aire libre son una alegría de la infancia y, con un poco de planificación, tu hijo o hija puede disfrutarlos con seguridad. El mensaje es tranquilizadoramente sencillo: los bebés más pequeños, fuera del sol directo; sombra en las horas de más calor; ropa y sombrero; protector solar desde los seis meses; y líquidos a menudo. Junta estos hábitos y podrás relajarte mientras juega feliz al sol.
Lo esencial: Mantén a los bebés pequeños fuera del sol directo, busca sombra al mediodía, cubre con ropa y sombrero, usa FPS 30 o más desde los seis meses y ofrece líquidos a menudo.