Instrucciones para los abuelos o la niñera antes de dejar a tu hijo
Dejar a tu hijo o hija con otra persona, ya sea un abuelo, una amiga o una niñera, va mucho mejor cuando quien cuida sabe en qué se está metiendo. Los niños de 1 a 3 años son rápidos, tienen opiniones firmes y están llenos de sorpresas, y quien no se espera una batalla por la siesta o un rechazo a la comida lo tiene mucho más difícil. Una explicación corta y clara antes de salir prepara a todos para unas horas tranquilas, también a tu hijo o hija.
Empieza por el ritmo del día
Lo más útil que puedes pasar es la forma del día. Cuéntale a quien cuida a qué hora suele ser la siesta y cómo le ayudas a dormirse, cuándo son las comidas y las meriendas, y cómo es más o menos una tarde normal. Los niños pequeños se apoyan mucho en su rutina, y quien la mantiene se encuentra mucha menos resistencia que quien se salta sin querer el momento de la siesta. Unas buenas instrucciones empiezan por este ritmo, porque la mayoría de los tropiezos vienen de una rutina que se desvió.
Explica cómo se comunica tu hijo o hija
Los niños pequeños muchas veces quieren algo con urgencia pero todavía no saben decirlo con claridad, y eso es la receta para la frustración de los dos lados. Dale a quien cuida una pequeña guía de traducción: la palabra o el gesto para la leche, el quejido concreto que significa sueño, el bailecito que quiere decir que necesita ir al baño. Explicar cómo pide lo que necesita le ahorra a quien cuida muchas conjeturas, y a tu hijo o hija el mal rato de que no le entiendan. Es uno de los detalles más amables que puedes dejar.
Comida, alergias y comidas
Sé concreto o concreta con la comida. Apunta cualquier cosa a la que sea alérgico o alérgica o que deba evitar, señala los riesgos de atragantamiento y cómo preparas la comida de forma segura, y menciona lo que siempre se come bien. Explica cómo suelen ser las comidas, incluida la cantidad normal de negociación, para que quien cuida no se alarme ante los caprichos de siempre. Unas instrucciones claras sobre la comida evitan tanto el susto de que se cuele un alérgeno como el estrés de un pulso a la hora de comer.
Los puntos clave de seguridad
Antes de irte, haz un recorrido por la casa con quien cuida. Enséñale la reja de la escalera y cómo funciona, dónde están guardados fuera de su alcance los productos de limpieza y los medicamentos, qué ventanas y puertas hay que vigilar, y cualquier cosa que tu hijo o hija ya aprendió a trepar o abrir. Los niños pequeños tienen una inventiva infinita para encontrar peligros, así que quien conoce los puntos de riesgo puede ir un paso por delante. Un recorrido de dos minutos vale mucho más que un aviso escrito dejado en la mesa.
Comparte tus trucos para darle calma
Todos los niños tienen sus consuelos: el peluche concreto, la mantita, la canción, la frase que le ayuda a calmarse. Cuéntale a quien cuida exactamente cuáles son y dónde encontrarlos, porque a un niño angustiado a la hora de la siesta se le calma mucho más fácil con las herramientas adecuadas. Saber que el dinosaurio verde tiene que estar en la cuna, o que una nana en particular hace maravillas, permite a quien cuida dar consuelo como lo harías tú, y eso tranquiliza tanto al niño como al adulto.
Los datos médicos y de emergencia
Deja lo esencial claro, mejor por escrito para que nadie tenga que recordarlo bajo presión: tu teléfono y un segundo contacto, los medicamentos habituales con sus dosis y horarios, el teléfono del pediatra y cualquier condición médica que deba conocer. Explica qué hacer y a quién llamar si tu hijo o hija se pone enfermo o enferma o se hace daño. Quien tiene estos datos a mano puede actuar con calma y rapidez, en lugar de buscar información a toda prisa en el peor momento.
Sé sincero o sincera con los momentos difíciles
No ayuda a nadie fingir que tu hijo o hija es un angelito que nunca protesta. Avisa a quien cuida de los choques previsibles, el drama de irse del parque, la negativa a que le cambien el pañal, el berrinche cuando se acaba su dibujo animado favorito, y cuéntale cómo los sueles manejar. Con aviso previo, quien cuida vive esos momentos con calma en lugar de con pánico. Unas instrucciones sinceras, que incluyen lo difícil, hacen que quien cuida se sienta mucho más capaz y lo haga mejor.
Los límites y la forma de corregir
Los niños pequeños ponen a prueba los límites sin parar, y quien cuida necesita saber dónde están los tuyos. Explícale las normas de la casa que te importan, cómo respondes a los golpes o a tirar cosas y qué palabras usas. La coherencia le da seguridad a un niño pequeño, así que alguien que mantiene tus límites de siempre, a tu manera de siempre, hace que la experiencia sea previsible. Dejarlo claro de antemano también le ahorra a quien cuida tener que adivinar qué permitirías y qué no.
Cuándo pedir ayuda
La mayoría de las veces todo pasa sin incidentes, y conocer las señales tranquilizadoras es tan útil como conocer las preocupantes. Asegúrate de que quien cuida conoce las situaciones que piden actuar enseguida: una fiebre alta que no baja, vómitos que no paran, una erupción que no desaparece al presionarla, un golpe en la cabeza seguido de un sueño fuera de lo normal o un niño que parece estar muy mal. Ante dificultad para respirar, una convulsión o un niño que se queda sin tono o no responde, tiene que llamar de inmediato al número de emergencias de tu país, y después a ti. Acordarlo de antemano hace que nunca tenga que dudar en una emergencia real.
Quien cuida bien informado cuida con seguridad, y alguien seguro mantiene a tu hijo o hija en calma y a salvo. Dedica unos minutos a pasar la rutina, los consuelos, los puntos de seguridad y los "¿y si...?", y podrás salir sabiendo que tu hijo o hija está en manos capaces de verdad.
Lo esencial: Unas instrucciones claras para los abuelos o la niñera, con la rutina, la forma de comunicarse, la seguridad, los consuelos y las emergencias, permiten a quien cuida mantener a tu hijo o hija en calma y a salvo mientras no estás.