Estilos de crianza diferentes en la pareja: cómo criar en equipo
Uno de los dos es flexible con la hora de dormir; el otro la quiere en punto. Uno da tres oportunidades más; el otro mantiene un límite firme. Cuando dos personas que crían al mismo hijo fueron criadas de forma distinta, algún choque es casi inevitable. La meta no es convertirse en padres idénticos. Es evitar que esas diferencias conviertan el mundo del niño en un tira y afloja confuso.
Distinto no significa equivocado
Ayuda empezar por soltar la idea de que uno lo hace bien y el otro mal. Tanto el cariño como la estructura importan a los niños, y la mayoría de los padres se inclinan de forma natural hacia uno de los dos. Un niño puede perfectamente con un progenitor algo más relajado y otro algo más estructurado, siempre que los grandes mensajes coincidan. Criar bien con estilos distintos consiste sobre todo en saber qué diferencias son inofensivas y cuáles confunden de verdad a un niño.
Separa lo esencial de las preferencias
Siéntense, lejos del niño y lejos de un momento acalorado, y dividan su forma de criar en dos listas. La primera es lo innegociable: la seguridad, la amabilidad, la sinceridad, cómo se responde a los golpes o los mordiscos, los límites de pantallas, la hora de dormir los días de colegio. La segunda son preferencias: lo ordenado que tiene que estar el cuarto de juegos, si los calcetines combinan, cómo se corta exactamente un sándwich. Comprométanse a ser coherentes de verdad con la primera lista y a relajarse con la segunda. Los niños necesitan un frente unido en lo que les da seguridad, y mucho menos en cuestiones de gusto.
Acuerden la respuesta, no solo la norma
No basta con acordar que pegar no está permitido. Los niños se fijan en cómo reacciona cada uno. Si un progenitor aparta al niño de la situación con calma y el otro grita, el niño vive la misma norma de formas muy distintas. Hablen de la respuesta concreta que van a usar los dos en los momentos de choque habituales: la rabieta en el supermercado, las verduras rechazadas, las mil excusas para no dormir. No hacen falta las mismas palabras, pero el niño debería encontrarse una reacción parecida esté con quien esté.
Nunca discutan de esto delante del niño
Los desacuerdos son normales, pero el niño no debería ser el público. Desautorizarse en el momento, o peor, discutir sobre la crianza mientras el niño mira, le enseña que las normas son negociables y que los adultos no forman un equipo. Si no estás de acuerdo con cómo tu pareja maneja algo, dale tu apoyo en el momento siempre que sea seguro hacerlo, y háblenlo después en privado. Las recomendaciones de salud pública coinciden en esto: los conflictos que se resuelven lejos de los niños protegen su sensación de seguridad.
Decisiones en "nosotros", no "yo contra el otro"
Los niños detectan enseguida una grieta y se meten por ella. Un "no hay más dulces por hoy" dicho con alegría se tambalea si saben que uno de los dos va a ceder. Intenten hablar como equipo: "lo decidimos así", "en esta casa la norma es esta". Cuando de verdad no estés de acuerdo, resiste la tentación de decir "pues yo te habría dejado". Puede que te gane un momento como el progenitor más bueno, pero desautoriza al otro y deja al niño gestionando un conflicto de adultos que no le corresponde. Criar con estilos distintos funciona mejor cuando el niño oye un solo mensaje, aunque se haya llegado a él tras un debate en privado.
Dos casas, y el niño se adapta
Si crían en casas separadas, cierta diferencia entre los hogares no solo es inevitable, también está bien. Los niños son muy capaces de aprender que en una casa se duermen un poco más tarde y en la otra hay más rigor, igual que aprenden que la guardería tiene normas distintas a las de casa de la abuela. Lo que llevan mucho peor es la imprevisibilidad y sentir que disfrutar de una casa es traicionar a la otra. Mantengan estables los grandes valores en las dos, y dejen que las texturas pequeñas varíen.
Aprovechen sus fortalezas distintas
En lugar de ver sus diferencias solo como fricción, busquen dónde se complementan. El progenitor juguetón aporta aventura y diversión; el estructurado aporta calma y fiabilidad. Un niño que crece con sensación de seguridad y sensación de libertad sale ganando. Nombrar y valorar lo que el otro progenitor hace bien, en voz alta y delante del niño, enseña respeto y quita mucha tensión a las diferencias que quedan.
Cuando la fricción va más allá
Algunas diferencias son de estilo, y otras apuntan a algo que necesita más apoyo. Si los desacuerdos son frecuentes, amargos o se cuelan en cómo se tratan entre ustedes, si el niño parece angustiado, atrapado en medio o intenta enfrentarlos, o si la forma de criar de uno de los dos te preocupa de verdad por motivos de seguridad, vale la pena buscar ayuda. Tu pediatra, tu médico de familia o un servicio de orientación familiar o de pareja pueden ofrecer un espacio neutral para trabajarlo. Pedir ayuda es una señal de que te tomas en serio el bienestar de tu hijo o hija, no un fracaso.
Dos personas casi nunca crían perfectamente al mismo paso, y los niños no lo necesitan. Lo que necesitan es sentirse seguros, queridos y tener claras las pocas cosas que de verdad importan. Pónganse firmemente de acuerdo en esas, tomen con ligereza las diferencias en lo demás y mantengan sus desacuerdos entre adultos.
Lo esencial: Criar con estilos distintos funciona cuando se unen con firmeza en lo esencial, se relajan con las preferencias y mantienen los desacuerdos lejos del niño.
UNICEF, How to discipline your child the smart and healthy way