Contar también lo bueno: comunicación entre padres y cuidadores

Piensa en las últimas entregas que tuviste con las otras personas que cuidan a tu hijo o hija. ¿Cuántas fueron sobre un problema, una siesta mala, una comida rechazada, un mordisco a un amigo, y cuántas sobre algo que salió bien? En la mayoría de las familias la balanza se inclina mucho hacia lo difícil. Se entiende: los problemas parecen urgentes y los logros parecen poder esperar. Pero un goteo de solo malas noticias va cambiando poco a poco cómo se siente todo el mundo con el día, y con los demás.

Por qué importa el equilibrio

Cuando lo único que viaja entre cuidadores son problemas, pasan dos cosas. Los adultos empiezan a temer la entrega, y el niño se convierte, en la conversación, en una lista de dificultades en lugar de una persona completa. Mezclar las buenas noticias, los éxitos y los pequeños triunfos, mantiene la imagen sincera, porque la mayoría de los días tienen muchas más cosas que salieron bien que mal. Además, sube el ánimo de todo el equipo, y eso hace más fácil escuchar las malas noticias cuando llegan.

Los pequeños logros cuentan, y suman

Un logro no tiene que ser un hito. Puede ser que tu hijo o hija compartió un juguete sin que se lo pidieran, probó un bocado de algo nuevo, esperó su turno en el tobogán o se durmió la siesta sin protestar por primera vez en una semana. Son justo esos momentos que una persona ocupada quizá no crea que vale la pena mencionar, y sin embargo son la materia prima del desarrollo de un niño. Nombrarlos los hace visibles, y fijarse juntos ayuda a cada cuidador a ver qué conviene animar después.

Conviértelo en una costumbre a propósito

Las buenas noticias se escapan si no les haces sitio. Mete una pregunta sencilla en las entregas: junto al "¿algo que deba saber?", pregunta "¿qué salió bien hoy?". Algunas familias tienen una nota compartida donde cualquiera puede apuntar un momento bonito. La idea es que contar los logros sea una parte normal y esperada del intercambio y no algo que se añade si sobra tiempo. Cuando se vuelve rutina, los cuidadores empiezan a fijarse en lo bueno durante el día, y ese cambio ya es precioso en sí.

Concreto, no solo alegre

"Hoy se portó bien" es amable pero le dice poco a la siguiente persona. "Usó el orinal dos veces y me avisó antes de necesitarla" es un logro real y útil. Un elogio concreto muestra exactamente lo que consiguió, lo que ayuda a quien lo recibe a reforzarlo y le da al niño un ánimo coherente en todos los lugares. También se siente más real para el adulto que lo escucha, porque está claro que viene de haber observado de verdad y no de la cortesía.

Que los logros lleguen también al niño

Los niños florecen cuando oyen a los adultos de su vida hablar contentos de ellos. Cuando una niñera le cuenta a uno de los padres que el niño fue valiente en el médico, deja que tu hijo o hija te oiga disfrutar de ello en casa. Cuando una abuela menciona un gesto amable, cuéntaselo después a tu hijo o hija con cariño. Este ánimo compartido, el mismo logro celebrado por más de un adulto querido, manda un mensaje muy poderoso: todo su equipo se fija en sus logros y los valora, no solo una persona.

Los problemas, en su justa medida

Compartir los logros no significa tapar las dificultades reales. Los problemas tienen que seguir pasándose con claridad para poder manejarlos bien. Se trata de proporción, no de negación. Cuando los logros y las preocupaciones fluyen con libertad, un problema de verdad destaca y recibe la atención que merece, en lugar de perderse en un murmullo constante de quejas. Una comunicación sincera y equilibrada, con éxitos y retos, hace que todo el intercambio sea más fiable.

Fíjate en el orgullo del propio niño

Algunos de los mejores logros que compartir son los que hacen que el niño se sienta orgulloso a ojos vista. Una primera torre de bloques que se tambalea, un dibujo que insiste en enseñar a todo el mundo, el momento en que logró subirse sola o solo la cremallera del abrigo. Cuando una persona cuenta no solo lo que hizo el niño sino lo feliz que estaba, ayuda a todos los adultos a acompañar la imagen que va formando de sí mismo. Animar esa confianza que empieza a brotar vale mucho más que cualquier habilidad concreta, y es fácil pasarla por alto si solo se informa de los problemas.

Cuando un logro merece una mirada más atenta

De vez en cuando, una observación compartida, incluso una que suena positiva, merece atención. Una persona puede comentar que un niño que antes balbuceaba sin parar está más callado, o que una habilidad que tenía parece haberse perdido. Compartir los logros con el tiempo hace que todos noten cuándo el avance se detiene o se pierde una habilidad, y eso es información de verdad útil. Si más de un cuidador nota que una habilidad se apaga, o que el niño dejó de hacer algo que claramente hacía, esa imagen compartida es un buen motivo para consultar con tu pediatra en lugar de esperar.

Cambiar el equilibrio de las entregas casi no lleva tiempo extra, solo un pequeño cambio en lo que eliges contar. Fíjate en lo bueno, dilo en voz alta, sé concreto o concreta, y deja que tu hijo o hija sienta el calor de todo un equipo de adultos que ve lo que hace bien. Los días difíciles no desaparecen, pero dejan de ser toda la historia.

Lo esencial: Contar los logros de tu hijo o hija en cada entrega, y no solo los problemas, anima a todo el equipo, mantiene una imagen sincera del niño y le hace sentir que alguien se fija de verdad.

CDC, Positive Parenting Tips

UNICEF, Parenting tips