Viajar con dos niños pequeños: repartirse las tareas
Un niño pequeño en un viaje ya da trabajo. Dos pueden parecer un número de circo, sobre todo en los momentos críticos: pasar el control de seguridad, subir a un tren, cruzar un estacionamiento lleno, todo mientras cargas bolsas y mantienes a dos personas pequeñas a salvo y razonablemente contentas. El secreto para viajar con dos niños pequeños no es una paciencia sobrehumana. Es repartirse las tareas con claridad, para que en cada momento cada adulto sepa exactamente qué niño y qué tarea le tocan, y nada importante se quede sin hacer.
Un niño para cada adulto
Si viajan dos adultos, la estructura más sencilla y eficaz es que cada uno se encargue sobre todo de un niño. Tú te ocupas del mayor, tu pareja del bebé, y cada uno asume las necesidades, la seguridad y las cosas de ese niño durante el viaje. Así desaparece la ambigüedad peligrosa del "creía que lo tenías tú", que es justo como un niño se pierde o una mano se suelta junto a una calle. Saber que ese niño es tu responsabilidad, todo el tiempo, mantiene a todos concentrados y a salvo.
Planear de antemano los momentos críticos
Casi todos los trayectos tienen unos pocos momentos en los que todo pasa a la vez: la fila del control, plegar la carriola para embarcar, cambiar de andén, bajar a todos de un avión. Hablen de ellos antes de llegar y acuerden quién hace qué. Uno puede llevar al bebé y las bolsas mientras el otro da la mano al mayor y se ocupa de la carriola. Tener un plan para esos treinta segundos complicados, en lugar de improvisar con pánico, es lo que hace que viajar con dos niños pequeños parezca posible y no un caos.
Cada tarea, según el niño
Reparte las tareas según la edad y el temperamento de cada niño, no solo a partes iguales. Un bebé necesita comer, que le cambien y que le lleven, y en general va donde le pones. Un niño pequeño necesita vigilancia, entretenimiento y, sobre todo, que le sujeten cerca de cualquier peligro. Suele funcionar emparejar al niño más inquieto e imprevisible con el adulto que mejor puede sujetarle, y al bebé con quien carga más cosas. Aprovechen los puntos fuertes de cada adulto y las necesidades de cada niño.
Repartir también el equipaje
El reparto empieza antes de salir de casa. En lugar de una bolsa enorme compartida en la que nadie encuentra nada, piensen en una bolsa por niño, preparada y llevada por el adulto que se encarga de él. Cada una lleva los pañales, la comida, la ropa de repuesto y los objetos de consuelo de ese niño, así quien tiene al niño tiene a mano todo lo que necesita. Ahorra las búsquedas frenéticas y el "¿dónde pusiste las toallitas?" en el peor momento posible.
Reglas de seguridad sencillas para el mayor
El niño que ya camina suele ser la mayor preocupación de seguridad, porque los bebés se quedan donde los pones y los niños pequeños no. Acuerden reglas claras y constantes y cúmplanlas: siempre de la mano en los estacionamientos, en los andenes y al cruzar la calle, quedarse junto a la carriola, y un "alto" sencillo que obedezca. El adulto que lleva al mayor le sujeta físicamente en cada peligro. Un arnés con correa o una pulsera de seguridad para la muñeca pueden ser un par de manos extra sensato con un niño rápido e imprevisible en lugares llenos de gente.
Cuando viajas sin otro adulto
A veces es un adulto con dos niños, algo más difícil pero ni de lejos imposible con la organización adecuada. Una carriola doble, o una carriola más una mochila portabebés, mantiene a los dos niños en su sitio y tus manos lo más libres posible. Lleva poco equipaje, todo en una sola bolsa bien organizada, y usa un arnés con correa o una plataforma para carriola para que el mayor no se aleje mientras atiendes al bebé. Acepta la ayuda cuando te la ofrezcan, porque a la mayoría de la gente le gusta sujetar una puerta, levantar una carriola o sostener una bolsa. Date tiempo de sobra y baja tus expectativas; llegar a salvo es el único objetivo real.
Mantener ocupados a los dos
Dos niños pequeños aburridos se contagian el uno al otro, así que el entretenimiento también forma parte del reparto. Cada adulto mantiene a su niño abastecido de comida, bebida y distracciones pequeñas, adelantándose al aburrimiento antes de que se extienda. Cuando los niños se llevan poca edad, un juego compartido, una canción o un reto de buscar cosas por la ventana puede ocupar a los dos a la vez y reducir las peleas. Roten las distracciones y guarden algo para el tramo más difícil, igual que harían con un solo niño.
Turnarse y apoyarse
Repartirse las tareas no significa que cada uno se las arregle solo con su niño. Los trayectos largos agotan, y el adulto que en ese momento lleva al niño más exigente necesitará relevo. Intercambien a los niños de vez en cuando, cúbranse durante las tomas y los cambios de pañal y pregúntense cómo lo lleva el otro. Un cambio rápido antes de que alguien llegue al límite mantiene más estables a los dos adultos, y eso mantiene más tranquilos a los dos niños.
Una nota sobre la carga
Viajar con dos pequeños es agotador de verdad, y vale la pena ser amables con ustedes mismos al respecto. Sumen tiempo extra, planeen más paradas y no comparen el viaje con cómo sería sin niños. Si alguno de los niños no se encuentra bien antes de salir, valoren si el viaje puede esperar, porque manejar a dos niños más una enfermedad en ruta es muchísimo.
Lo esencial: Den a cada adulto un niño del que encargarse, planeen quién hace qué en los momentos críticos y preparen una bolsa por niño para que quien tiene al niño tenga todo lo que necesita.