A mi hijo no le gusta leer: qué hacer si dice que los libros aburren

Pocas cosas desinflan tanto a una madre o un padre amante de los libros como oír "los libros son aburridos" de boca de su hijo o hija. Antes de tomártelo a pecho, ten en cuenta que es frecuente, casi nunca es para siempre y suele señalar un desajuste que se puede arreglar, no a un niño que nunca leerá. Cuando un niño dice que los libros aburren, tómalo como información útil sobre lo que hay que cambiar, no como un veredicto.

Lo que suele significar "aburrido"

Los niños usan "aburrido" para describir muchos sentimientos distintos. Puede significar que los libros que tiene son demasiado fáciles, demasiado difíciles o simplemente no tratan de nada que le importe. Puede significar que leer empezó a parecer tarea del colegio o un examen. Puede significar que ahora mismo preferiría moverse, jugar o estar con una pantalla. O puede significar que asocia quedarse quieto escuchando con presión y no con placer.

Averiguar cuál de estas cosas hay detrás te lleva directo a la solución. Así que, en lugar de empujar más, siente curiosidad. ¿Qué le resulta aburrido de verdad, y qué elegiría en su lugar?

Seguir sus intereses, no los tuyos

La palanca más importante es el tema. Un niño que bosteza con los cuentos tranquilos de animales puede quedarse pegado a uno de dinosaurios, fútbol, el espacio, chistes, historias de miedo o cómo funciona el cuerpo. Deja que sus obsesiones guíen la elección del libro, por raras o poco literarias que parezcan. La motivación vive en el tema.

Amplía también tu idea de lo que cuenta como libro:

  • Los cómics y las novelas gráficas, que son lectura de verdad y atraen a los lectores reacios.
  • Los libros informativos y de datos, estupendos para los niños a los que les encanta el mundo real.
  • Los libros de chistes y adivinanzas, la poesía y los libros de pasatiempos o actividades.
  • Los libros ligados a una película, un juego o una afición que ya le encanta.

Cuando un niño dice que los libros aburren, muchas veces la respuesta no es "lee más", sino "lee algo completamente distinto".

Quitar la presión

Si leer se convirtió en una obligación o una actuación, afloja del todo. Deja de evaluar, corregir y pedirle que "te lea" si ese es el punto doloroso. Vuelve a leerle tú, solo por disfrutar, sin preguntas después. Deja que elija libros fáciles, que relea sus favoritos de siempre e incluso que elija cosas que te parecen demasiado sencillas. La comodidad y el placer reconstruyen las ganas que la presión se lleva.

Que los ratos sean cortos y paren mientras todavía es divertido. Un niño que siente alivio cuando se acaba la lectura la llamará aburrida; uno que se queda con ganas de una página más, no.

Que leer sea activo y divertido

Leer no tiene por qué significar quedarse sentado en silencio. Dale vida:

  • Pon voces tontas y representa a los personajes.
  • Deja que pase las páginas, elija el libro y decida qué pasa después.
  • Lean en una cabaña, una tienda de campaña o con una linterna para convertirlo en un acontecimiento.
  • Convierte un cuento favorito en un juego, un dibujo o un rato de disfraces.
  • Lean en movimiento, en el baño, en el auto, donde apetezca.

También puedes apoyarte en los audiolibros. Escuchar una historia que atrapa cuenta, amplía el vocabulario y el gusto por las historias, y muchas veces le tienta a volver a la versión impresa.

Que te vea disfrutar leyendo

Los niños copian lo que ven. Si leer solo le pasa a tu hijo o hija, como algo que los adultos le obligan a hacer, parece una obligación. Deja que te vea leyendo por placer, sea lo que sea, y habla de un libro, una revista o un cómic que disfrutaste. Hacer que leer parezca un gusto que eliges, y no un deber que impones, cambia sin hacer ruido cómo lo ve.

Lo que suele estorbar

Empujar más es la reacción instintiva y suele salir mal. Insistir, sobornar mucho o convertir cada día en una batalla por la lectura tiende a hacer más profunda la resistencia. La ligereza funciona mejor que la presión.

Quedarse rígidamente con los libros "de verdad" es la otra trampa. Descartar los cómics, los datos y los chistes reduce sus opciones justo a lo que le aburre. Amplía la definición de lectura y muchas veces se resuelve el problema.

Cuándo pedir más ayuda

Decir que los libros aburren suele tener que ver con el interés y el ánimo, no con la salud. Vale la pena hablar con su maestra, y con tu pediatra, si el rechazo parece ligado a una dificultad real: por ejemplo, si evita leer porque descifrar las palabras le cuesta muchísimo, tiene dolores de cabeza o se acerca mucho los libros, no parece oír bien, o si un niño en edad escolar avanza muy poco en lectura a pesar del apoyo. Son avisos generales para revisar dificultades de lectura, la vista o la audición, y consultarlos pronto es sensato, no una exageración.

Lo que conviene recordar

Cuando un niño dice que los libros aburren, resiste las ganas de empujar y cambia la oferta. Sigue sus intereses reales, cuenta los cómics, los datos y los chistes como lectura, quita la presión del todo y haz que el rato de los cuentos sea activo, acogedor y divertido. Deja que te vea disfrutar leyendo. La mayoría de las rachas de "aburrimiento" son un desajuste esperando arreglo, y el libro adecuado, ofrecido de la forma adecuada, puede convertir a un lector reacio en uno con ganas.

Lo esencial: "Aburrido" suele señalar un desajuste: sigue sus intereses reales, cuenta los cómics y los datos como lectura, quita la presión y haz que leer sea activo y divertido.

CDC, Positive Parenting Tips: Middle Childhood (6-8 years)

UNICEF, Nurturing a love of reading