Enseñar a los niños a respetar los insectos: mirar sin tocar

Levanta casi cualquier tronco o piedra del jardín o del parque y te espera un mundo pequeño debajo. Cochinillas que se escabullen, un escarabajo sorprendido, una lombriz que se recoge para huir de la luz. Para un niño pequeño es fascinante, y abre la puerta a algo valioso: la idea de que los animales diminutos están vivos y de que algo nos fascine no nos da derecho a aplastarlo ni a apretarlo.

Por qué mirar es mejor que atrapar

El impulso de muchos niños de preescolar es agarrar. Una buena actividad con bichos reconduce con suavidad ese impulso hacia mirar, esperar y preguntarse cosas. Cuando los niños observan en lugar de capturar, notan muchísimo más: cómo un caracol esconde los ojos, cómo las hormigas se siguen en fila, cómo una araña arregla su tela. También aprenden una lección más callada sobre la delicadeza que se traslada a cómo tratan a las mascotas, a los hermanos y, con el tiempo, a las personas.

Mirar también protege a los animales. Los invertebrados pequeños se aplastan fácilmente entre unos dedos curiosos, y un bichito atrapado en un frasco puede acalorarse o secarse muy rápido. Plantear todo como mirar y no como coleccionar protege precisamente a los animales de los que tu hijo o hija se está enamorando.

Poner las reglas con cariño

Las reglas se reciben mejor como invitaciones que como advertencias. Antes de empezar, acuerden algunas ideas sencillas con palabras que un niño de preescolar pueda recordar: miramos con los ojos, las manos se quedan quietas, lo dejamos todo como lo encontramos. Si se muere por acercarse más, ofrécele una lupa o el zoom de la cámara del teléfono en lugar de una mano que agarra. Acercarse con una herramienta se siente como un premio, no como una prohibición.

Explica el porqué con palabras de su tamaño. El escarabajo tiene su casa aquí debajo, igual que tú tienes tu cama. Si lo apretamos, se hace daño y no puede volver a casa. A los niños de preescolar les importan muchísimo la justicia y las casas, y este razonamiento se les queda mejor que un seco "no se toca".

Dónde buscar y qué pueden encontrar

No hace falta un bosque. Sirve un trozo de acera, una jardinera o una sola maceta. Los rincones húmedos y a la sombra, bajo piedras, troncos y montones de hojas, siempre están llenos de actividad. Las flores atraen abejas y sírfidos, esas moscas que parecen pequeñas avispas. La orilla de un charco o una compostera rebosan de vida. Levanten juntos una piedra, miren mientras cuentan despacio hasta diez y vuelvan a dejarla exactamente igual, algo que se convierte en un ritual satisfactorio por sí mismo.

Que el lenguaje les acompañe. Cuenten las patas, fíjense en los colores, pregúntale adónde cree que va el bicho. No necesitas saber cada especie. Preguntarte en voz alta "¿qué comerá este?" enseña más curiosidad que cualquier nombre correcto, y si el interés sigue, pueden buscarlo juntos después.

Las preocupaciones por picaduras y mordeduras

Es sensato, no miedoso, enseñar que a algunos animales es mejor admirarlos desde un poco más lejos. Las abejas y las avispas pican cuando se sienten amenazadas, así que la regla es sencilla: miramos, mantenemos la calma, no espantamos a manotazos ni agarramos. La mayoría de las picaduras de insectos en niños no tienen importancia y se calman en uno o dos días, con un enrojecimiento, una hinchazón y un picor breves que suelen aliviarse con frío.

De vez en cuando hay algo más a lo que prestar atención. Busca atención médica urgente si, después de una picadura o mordedura, se le hinchan la cara, los labios, la boca o la garganta, le cuesta respirar, le sale un sarpullido extendido o se queda sin fuerzas o muy angustiado, porque pueden ser señales de una reacción alérgica grave. Las garrapatas, frecuentes en la hierba alta y en los parques, hay que quitarlas pronto y de la forma correcta, y conviene ir al médico si en las semanas siguientes aparece un sarpullido circular que se extiende o síntomas parecidos a la gripe. Saberlo hace que observar bichos sea más tranquilo, no más inquietante, porque sabes qué buscar.

Cómodo para todos

Observar bichos implica agacharse, arrodillarse y quedarse sin moverse en un mismo sitio, así que viste a tu hijo o hija para el suelo más que para el paseo. Una esterilla o una toalla vieja para arrodillarse ayuda a que las rodillas pequeñas aguanten más. Con calor y sol, busquen rincones a la sombra desde donde mirar, y usen gorra, protector solar y agua. Lávense las manos después, sobre todo antes de comer, porque la tierra y los bichos comparten su espacio con gérmenes.

Cuando el entusiasmo acaba en aplastón

Incluso con buenas reglas, un niño de preescolar arrastrado por la emoción puede olvidarse y agarrar. Mantén la calma en lugar de avergonzarle. Di lo que pasó, repite la regla con sencillez y, si hace falta, dejen la actividad por hoy. Una reacción exagerada puede volver aún más emocionante lo prohibido sin querer. Una respuesta firme y suave enseña el autocontrol mucho mejor con el tiempo.

Sobre todo, deja que guíe su asombro genuino. Una sola mariquita puede tener hipnotizado a un niño de dos años más tiempo que un zoológico entero. Este es justamente el tipo de juego al aire libre, lento y atento, que favorece el aprendizaje temprano, y el respeto por los seres vivos que hace crecer vale más que cualquier dato que memorice.

Lo esencial: Que sea un juego de mirar, no de atrapar. Observen de cerca con los ojos y una lupa, las manos quietas, y devuelvan siempre a los animales al lugar donde viven.

NHS, Insect bites and stings

American Academy of Pediatrics, The power of play