Búsqueda de colores al aire libre para niños de 1 a 5 años

Cuando un paseo empieza a hacerse largo y las piernas pequeñas se van frenando, un juego mínimo puede darle la vuelta al humor de todos: buscar colores. Parece casi demasiado sencillo para molestarse, pero rastrear el mundo en busca de algo rojo, luego algo amarillo y luego algo de un color que no sabes nombrar le da a un niño pequeño un motivo para mirar bien todo lo que le rodea. Enseña los colores, afina la observación y, lo mejor de todo, mantiene en marcha a un caminante perezoso sin una sola queja.

Por qué funciona tan bien

El color es una de las primeras formas en que los niños pequeños ordenan y entienden el mundo, y nombrar los colores con seguridad es una habilidad temprana que este juego practica de la forma más natural. Buscar colores al aire libre también le da un propósito a la mirada: en lugar de pasar arrastrando los pies junto a setos y paredes, tu hijo o hija los recorre buscando tesoros. Esa búsqueda concentrada construye la atención y la observación, las mismas habilidades que sostienen cualquier estudio de la naturaleza. Y como no necesita material y funciona en cualquier parte, puedes sacarlo del bolsillo en cuanto un paseo necesite rescate.

La versión más sencilla

En su forma más básica, el juego solo necesita tu voz. Elige un color y rétale a encontrar algo de ese color, celébrenlo juntos cuando lo consiga y elijan uno nuevo. Empiecen por los colores fuertes y fáciles que conoce un niño pequeño, como rojo, amarillo, azul y verde, y mantengan un ritmo animado. Para un niño muy pequeño, un color cada vez es suficiente; con uno de preescolar pueden buscar varios seguidos o competir por encontrar tres cosas verdes. La alegría está en descubrir, así que celebra cada hallazgo y deja que también elija el siguiente color.

Formas de darle un poco de estructura

Cuando el juego básico ya es conocido, algunos accesorios lo renuevan. Dale una carta de colores de pintura de una tienda, o pon manchitas de pintura en un papel, y rétale a encontrar una hoja, una flor o una piedra que coincida exactamente con cada tono, algo más difícil y más satisfactorio de lo que parece. Lleven una caja de huevos con un color distinto pintado en cada hueco y deja que recoja un pequeño tesoro natural para cada uno, llenando la caja durante el paseo. El reto del arcoíris, encontrar algo de cada color del arcoíris en orden, le da a un niño de cuatro o cinco años un objetivo precioso para todo un paseo.

Estirar el aprendizaje

El juego da para más que los colores básicos, así que ve estirándolo cuando lo básico ya le resulte fácil. Pasen de los colores primarios a los más difíciles y busquen algo naranja, morado, rosa o marrón. Exploren los tonos buscando la hoja verde más oscura y la más clara, o muchos verdes distintos en un mismo arbusto, y así aprende que el color no es una sola cosa plana. Hablen de qué colores abundan en la naturaleza y cuáles escasean, y pregúntense por qué. Esta ampliación suave mantiene el juego interesante para un niño que ya domina lo básico, y cuela vocabulario y observación de verdad.

Llevar el color a casa

La búsqueda no tiene que terminar en la puerta. Si recogieron pequeños tesoros naturales como hojas, pétalos y piedras, pueden ordenarlos por colores en casa, formando un arcoíris sobre la mesa o en una bandeja. Hagan un collage pegando los hallazgos en un papel por grupos de color, o prensen hojas de colores para guardarlas. También pueden tomar fotos de todo lo que encontraron de un mismo color y mirar después su galería roja o su galería amarilla. Así el juego tiene un segundo acto satisfactorio y refuerza los colores a través de clasificar, algo que a los niños les encanta.

Divertido y sin presión

Todo el encanto de buscar colores está en que es un juego, así que mantenlo ligero. Si tu hijo o hija se equivoca de color, no hace falta corregirle con brusquedad; disfruta del hallazgo y di tú la palabra correcta con naturalidad, porque a esta edad la confianza va antes que la precisión. Síguele si se obsesiona con un color y quiere encontrar veinte cosas rojas, y deja que el juego termine en cuanto deje de ser divertido. Algunos días durará todo el paseo y otros treinta segundos, y las dos cosas están bien. Lo que importa es mirar con alegría y con un propósito, no un examen de colores.

Cuándo sacar el juego

Buscar colores se gana su lugar en todo tipo de momentos. Rescata un paseo aburrido o demasiado largo, distrae a un niño que empieza a lloriquear y llena la espera en la parada del autobús o en la puerta de una tienda. Funciona en cualquier entorno, de un camino de campo al estacionamiento del supermercado, y en cualquier estación, aunque la paleta cambia, y eso también vale la pena notarlo: verdes y flores vivas en verano, rojos y dorados en otoño, grises y hojas perennes en invierno. Tener este juego sencillo a mano significa contar siempre con una forma de convertir el tiempo muerto en mirada curiosa.

Un recordatorio rápido de seguridad

Es una actividad de muy poco riesgo que solo necesita el sentido común habitual al aire libre. Si va recogiendo cosas para juntar colores, recuérdale que la naturaleza se mira y que solo se recoge lo que ya está caído, y que nunca se comen bayas, semillas ni hongos, porque algunos son venenosos. Mantén las cositas recogidas lejos de los bebés que se lo llevan todo a la boca, lávense las manos antes de comer y presta atención a las calles y otros peligros mientras sus ojos están ocupados buscando.

Lo esencial: Rétale a encontrar algo de cada color mientras caminan; buscar colores convierte cualquier salida aburrida en un rato alegre de mirar de cerca y con propósito.

NHS, Physical activity guidelines for children under 5 years

AAP HealthyChildren.org, The Power of Play