Qué recoger en un paseo por la naturaleza sin llevarse todo a casa

Cualquier madre o padre de un niño pequeño conoce los bolsillos. Vacías un abrigo antes de lavarlo y caen tres castañas, un puñado de grava, una ramita partida y algo que en su día fue una hoja. Recoger cosas es de lo más natural que hace un niño pequeño al aire libre, y vale la pena protegerlo. La pregunta no es si permitirlo, sino cómo darle forma, para que la curiosidad siga viva y tu ventana no desaparezca bajo un montón de hallazgos húmedos.

Por qué los niños recogen cosas

Recolectar es ciencia temprana. Cuando un niño recoge diez piedras y las pone en fila, está clasificando, comparando y notando diferencias, que es el comienzo de las matemáticas y de la observación. Sostener un tesoro también le da la sensación de que la salida es un poco suya. Así que las ganas de recoger no son una molestia que haya que cortar. Pensar qué recoger en un paseo sin llevarse todo a casa consiste en encauzar un buen instinto, no en bloquearlo.

Pongan las reglas antes de salir

Un acuerdo corto y claro en la puerta ahorra muchas lágrimas a la vuelta. Los niños llevan mucho mejor una regla que conocían de antemano que un no por sorpresa a mitad del camino. Pueden acordar que cada uno elige dos o tres tesoros, o que los hallazgos van en una bolsita y lo que quepa, vuelve a casa. Dilo una vez, con calma, y luego mantenlo. El número exacto importa menos que el hecho de que el límite se puso con cariño y a tiempo.

Lo que se puede llevar a casa

Algunas cosas viajan bien y no hacen daño. Las hojas caídas, las cáscaras de semillas vacías, los palitos secos, las piñas, las plumas y las piedras pequeñas suelen poder ir al bolsillo. Hay algunas precauciones sensatas. Lávense las manos después de tocar plumas o cualquier cosa que haya estado en el suelo, porque las superficies del exterior pueden tener gérmenes. Dejen todo lo que está creciendo: arrancar flores silvestres, quitar hojas a plantas vivas o romper ramas deja menos para los animales y, en algunos lugares, no está permitido. Enseñarle a llevarse solo lo que ya ha caído es una pequeña lección de cuidado que dura.

Lo que mejor se queda donde está

Un no amable es parte de la salida, no un fracaso. Los seres vivos pertenecen al exterior: insectos, lombrices, caracoles y sus casas se quedan donde están, porque en un frasco rara vez sobreviven y devolverlos es más amable. Las bayas, las semillas y los hongos se admiran sin tocarlos siquiera, porque algunos son venenosos y un niño pequeño no sabe distinguirlos. Los nidos, los huevos y cualquier cosa que parezca la casa de un animal no se tocan. Si tu hijo o hija se muere de ganas de quedarse con un bicho, ofrécele un cambio: obsérvenlo de cerca un minuto, despídanse y tómenle una foto en su lugar.

Disfrutar un hallazgo sin quedárselo

Buena parte de la alegría de recoger está en encontrar, no en poseer. Puedes apoyarte en eso. Hagan un dibujo efímero en el suelo ordenando hojas y piedras, admírenlo y déjenlo para el siguiente que pase. Equilibren guijarros en una torrecita y derríbenla. Pongan los hallazgos en fila del más pequeño al más grande y cuéntenlos antes de devolverlos al suelo. Una foto con el teléfono le permite conservar el recuerdo sin el desorden, y a los niños les suele encantar repasar después su propia galería de tesoros.

Convertir el límite en un juego

En lugar de presentar el límite como lo que no se puede llevar, conviértelo en el reto de elegir. Pregúntale cuál es su tesoro más especial y por qué, y eso le obliga a pensar y a usar el lenguaje de una forma preciosa. Prueben una búsqueda con tema para que la colección tenga forma: solo cosas redondas, solo cosas rojas, solo cosas más pequeñas que una uña. Un único hallazgo bonito, elegido con cuidado, suele significar más para un niño que una bolsa de cosas que olvidará, y en elegir está precisamente el aprendizaje.

Qué hacer con los tesoros en casa

Denle a los hallazgos un lugar donde vivir para que se valoren en lugar de acabar en la basura delante de tu hijo o hija. Sirve una bandeja baja, un frasco o un rincón de una estantería. Miren juntos la colección de vez en cuando, pongan nombre a las cosas y fíjense en cómo cambian al secarse. Acuerden un ciclo amable: cuando llegan tesoros nuevos, algunos de los viejos vuelven afuera o a la basura, y así la colección se renueva en lugar de solo crecer. Echen los restos naturales a la composta o al compost y aprenderá otra lección tranquila sobre cómo la naturaleza sigue su curso.

Una nota sobre seguridad

Recoger cosas tiene poco riesgo, pero algunas merecen cuidado. Guarda los objetos pequeños y duros, como bayas, grava y cáscaras de semillas, bien lejos de bebés y niños pequeños que todavía se llevan cosas a la boca, porque suponen un riesgo de atragantamiento. Lávense las manos después de tocar cualquier cosa del suelo, sobre todo antes de comer. Consulta con un profesional de la salud si le sale un sarpullido, se le hincha la piel o se encuentra mal después de tocar una planta desconocida, y trata como una urgencia cualquier reacción con hinchazón de la cara o dificultad para respirar.

Lo esencial: Acuerden un límite pequeño y amable antes de salir, guarden lo que ya ha caído y no los seres vivos, y disfruten de la mayoría de los tesoros en el momento.

NHS, How to wash your hands

UNICEF, How to help your child learn through play