Juegos basados en sus dibujos animados favoritos, lejos de la pantalla
A tu hijo o hija le encanta un programa concreto, lo ve sin parar y habla de los personajes todo el tiempo. En lugar de ver ese tirón solo como una competencia por su atención, puedes aprovecharlo. Un programa favorito es un mundo ya construido en el que tu hijo o hija ya ha puesto el corazón, y con un pequeño empujón ese entusiasmo se derrama fuera de la pantalla en un juego imaginativo, activo y con las manos que le aporta muchísimo más que mirar.
Por qué construir a partir de un programa funciona tan bien
Los niños aprenden a fondo jugando, y juegan con más ganas con lo que ya les importa. Cuando llevas lo que ve en la pantalla al juego, le encuentras justo donde está su interés, y eso significa menos resistencia y más implicación de verdad. Los personajes y las historias que ha absorbido se convierten en la materia prima del juego simbólico, del movimiento, del arte y de la resolución de problemas, y lo que era mirar sin más se convierte en una plataforma de lanzamiento y no en un callejón sin salida.
Seguir su iniciativa, sin sermones
La forma más suave de entrar es mostrar interés y dejar que dirija. Pídele que te cuente cómo son los personajes, qué pasó en un capítulo o qué podría hacer un personaje después. A los niños les encanta ser los expertos, y esta conversación sencilla les hace pasar con naturalidad de mirar a pensar e imaginar. No estás convirtiendo el juego en una clase; estás mostrando curiosidad, y eso solo muchas veces pone en marcha el juego sin ningún accesorio.
Representar juntos las historias
El juego simbólico es donde un programa favorito cobra vida de verdad fuera de la pantalla. Proponle ser los personajes, volver a representar una escena o inventar una aventura completamente nueva para ellos. Una caja de cartón se convierte en un vehículo del programa, los cojines en un paisaje, y tu hijo o hija se mete en una historia que se sabe de memoria. Este tipo de juego imaginativo, que casi no necesita material, hace crecer el lenguaje, la empatía y la creatividad de una forma que una pantalla sencillamente no puede.
Hacer algo con las manos
Las manualidades son un puente natural de la pantalla al mundo real. Dibujen juntos a los personajes, construyan una escena con cajas recicladas y cinta, hagan títeres sencillos con bolsas de papel o palitos de helado, o pinten su escenario favorito. La actividad no tiene que quedar impresionante. El valor está en que tu hijo o hija planea, crea y luego juega con lo que ha hecho, llevando la historia que le encanta a algo construido con sus propias manos.
Que el cuerpo participe
Muchos programas infantiles están llenos de movimiento, viajes, animales, bailes y aventuras que se traducen fácilmente en juego físico. Jueguen a viajar como un personaje, muévanse como los animales del programa o monten un circuito de obstáculos sencillo inspirado en un capítulo. Así el entusiasmo por la pantalla se convierte en el juego activo que necesitan los niños pequeños, y de paso gastan energía. Unir un programa querido a correr, saltar y trepar es una forma preciosa de llevarlo al juego y de que, además, se muevan.
Llevarlo a las rutinas de cada día
Los personajes pueden echar una mano en la vida diaria. Un niño que se arrastra a la hora de recoger puede ponerse en marcha de un salto si su personaje favorito necesita ayuda para ordenar, y un niño que come poco quizá pruebe un alimento que le gusta a un personaje querido. Entretejer la historia que le encanta en los momentos normales los hace más divertidos y le muestra que el mundo del programa se conecta con su día real, no solo con la pantalla.
Leer alrededor del mundo del programa
Muchos programas populares tienen libros relacionados, y aunque no los tengan, puedes encontrar cuentos sobre temas parecidos. Leer juntos sobre los mismos personajes o temas hace más hondo su interés y añade todo el lenguaje y la cercanía que traen los libros compartidos. Así le acompañas de una relación con la historia que solo pasaba por la pantalla hacia otra que incluye libros, imaginación y ratos acurrucados contigo.
Que de verdad lo lleve tu hijo o hija
La idea no es rondar con una lista de actividades enriquecedoras. Si ofreces una chispa, una pregunta, un accesorio, una sugerencia, y luego das un paso atrás, los niños muchas veces la llevan mucho más lejos de lo que habías planeado. El mejor juego sin pantalla nace de sus propias ideas, así que resiste las ganas de dirigirlo demasiado. Tu tarea es abrir la puerta de la pantalla al juego y luego dejar que su imaginación haga el resto.
Mantener el equilibrio con honestidad
Llevar un programa al juego es un complemento estupendo del tiempo de pantalla, pero conviene tener claro que no justifica ver sin límite con la excusa de que "luego lo haremos educativo". El juego sin pantalla tiene valor por sí mismo, venga o no después de una pantalla. Bien usado, este enfoque simplemente hace que el tiempo de pantalla que sí tiene resuene después en un juego más rico y más activo, que es justo el tipo de equilibrio al que apuntar.
Una costumbre pequeña con una gran recompensa
No hace falta construir sobre cada programa cada vez. Incluso llevar de vez en cuando una historia favorita fuera de la pantalla le enseña que lo mejor de un programa puede continuar en sus propias manos, en su propio cuerpo y en su propia imaginación. Con el tiempo, esa lección cambia sin ruido su relación con las pantallas: de algo que le pasa a algo que alimenta su juego.
Lo esencial: Usa un programa querido como trampolín, sigue su iniciativa hacia el juego simbólico, las manualidades, el movimiento y los libros, y deja que su imaginación saque la historia de la pantalla y la lleve al mundo real.
AAP HealthyChildren, Healthy Digital Media Use Habits for Babies, Toddlers and Preschoolers
NHS, Physical activity guidelines for children under 5 years