Cómo explicarle a tu hijo que va a cambiar de guardería
Cambiar a tu hijo o hija de una guardería a otra puede preocuparte más a ti que a tu hijo, o al revés. Quizá te alivia dejar un lugar que no era el adecuado, o te da pena despedirte de unas educadoras en las que confiabas. Sea cual sea el motivo, un niño pequeño necesita sobre todo que le expliquen el cambio de una forma a la que pueda agarrarse. Todo va mejor cuando el mensaje es sincero, sencillo y se repite bastante antes de la primera mañana en el sitio nuevo.
Cuéntaselo con tiempo y en trocitos
Los niños pequeños viven muy pegados al presente, así que no hace falta avisar con mucha antelación, pero unos días de aviso suave ayudan. En lugar de un gran anuncio, mete la noticia en momentos cotidianos. Mientras se viste, puedes comentarle que pronto irá a una guardería nueva con amigos nuevos y que la de ahora se termina. Repetir varias veces una versión corta y tranquila del mismo mensaje deja que cale sin abrumar.
Palabras sencillas y concretas
Las explicaciones abstractas le pasan por encima a un niño pequeño. Háblale de cosas que pueda imaginar. Di el nombre del lugar nuevo, cuéntale que habrá juguetes, un patio o la hora de la merienda, y quién hará el trayecto de ida y quién irá a recoger. Evita las razones largas sobre precios, personal o logística, que no significan nada para un niño pequeño y sin querer pueden sonar preocupantes. Lo que quiere saber es sencillo: adónde voy, quién va a estar allí y si vas a volver por mí.
Una buena despedida de la guardería anterior
Al cambiar de guardería, un niño pequeño necesita un final tanto como un comienzo. Si es posible, deja que se despida de sus educadoras y de sus amigos, quizá con una última visita, una tarjeta o una foto para guardar. Los niños pueden extrañar un lugar conocido y a las personas que había en él aunque no sepan decirlo. Marcar el final le ayuda a entender que la guardería de antes no desapareció sin más, y que fue algo bueno que ahora termina, no algo que salió mal.
Presenta el lugar nuevo poco a poco
Lo conocido es lo que más tranquiliza. Pasen caminando o en auto por delante de la guardería nueva, miren juntos fotos en su página web y aprovecha cualquier visita de adaptación que ofrezcan. Conocer a la nueva educadora de referencia mientras todavía estás tú, y ver la sala donde va a jugar, convierte lo desconocido en algo reconocible. Cuanto más pueda imaginar la guardería nueva antes del primer día, menos miedo suele dar la primera despedida de verdad.
Mantén estable todo lo demás
Pasar de una guardería a otra ya es un cambio grande, así que intenta no sumarle otros. Siempre que puedas, mantén iguales la hora de dormir, las comidas, sus consuelos favoritos y la rutina general mientras cambia la guardería. Cuando una parte del mundo de un niño pequeño es nueva, lo conocido del resto es lo que le hace sentirse a salvo. No es la semana para quitar también el chupete, cambiar de cuarto o empezar a dejar el pañal, si puede esperar.
Cuenta con altibajos y mantén el cariño
Incluso un niño pequeño bien preparado puede protestar, aferrarse a ti o parecer inquieto o inquieta durante un tiempo después del cambio. Puede que veas más lágrimas en la despedida, más apego en casa o un bajón pasajero en el sueño o la comida. Es una respuesta normal al cambio, no una señal de que elegiste mal. Reconoce en voz alta lo que siente, dile que los lugares nuevos pueden resultar raros y que lo entiendes, y sigue adelante con calma y seguridad. Tu serenidad le dice que el lugar nuevo es seguro.
Hablen de ello al final de cada día
Una vez hecho el cambio, mantén viva una pequeña conversación. En lugar de preguntar si le gustó, que suele traer una respuesta seca, menciona cosas concretas: el arenero nuevo, el nombre de un amigo, la canción que aprendió. Nombrar detalles muestra que ese lugar nuevo ya forma parte de su vida compartida y es una invitación a que te cuente cómo fue. Si no quiere hablar, también está bien; jugar con muñecos a la guardería puede mostrar cómo se siente sin ninguna presión por hablar.
Dale tiempo a la adaptación
Los niños rara vez se adaptan al instante a un lugar nuevo, y un niño pequeño que era feliz en la guardería anterior puede tardar un par de semanas o más en acostumbrarse al cambio. Fíjate en la tendencia a lo largo de quince días en lugar de juzgar por la primera mañana difícil. Una buena educadora de referencia te irá contando lo rápido que se recupera cuando te vas, que suele ser la medida más fiable de cómo va la transición.
Cuándo buscar más apoyo
Cierta inquietud es esperable, pero habla con la nueva educadora de referencia o con tu pediatra si tu hijo o hija sigue con una angustia profunda durante varias semanas sin señales de mejorar, se retrae o vive con miedo, pierde habilidades que tenía, o su sueño y su alimentación se alteran mucho durante bastante tiempo. Confía también en tu instinto sobre la guardería en sí; si algo te parece mal y no solo nuevo, siempre es razonable hacer preguntas.
Lo esencial: Explícale el cambio con palabras sencillas y sinceras, ayúdale a despedirse de la guardería anterior y mantén estable todo lo demás en su mundo.