Cambio de sala en la guardería: cómo acompañar a tu hijo
Pasar a la sala de los mayores es un hito en la vida de la guardería, pero para un niño pequeño puede sentirse como volver a empezar. El mismo edificio de repente tiene adultos nuevos, otra rutina y materiales desconocidos. Incluso un niño con mucha seguridad puede tambalearse un tiempo. Cambiar de sala suele ser un paso positivo que refleja que tu hijo o hija crece y se desarrolla, y un poco de preparación por ambas partes le ayuda a llevar consigo su sensación de seguridad a la sala nueva.
Por qué el cambio de sala les descoloca
Los niños pequeños se apegan a personas y lugares concretos, no a la idea de una institución. Tu hijo o hija creó un vínculo con una educadora de referencia, aprendió el ritmo de una sala y sabía dónde estaban los mejores juguetes. Un cambio lo altera todo a la vez. Es frecuente ver que vuelven por un tiempo las lágrimas en la despedida, más apego en casa o un pequeño bajón en el sueño o la comida. Nada de esto significa que el cambio esté mal. Significa que se está adaptando a un cambio real, y eso consume energía.
Averigua cómo lo organiza la guardería
La mayoría de las buenas guarderías tienen un proceso de adaptación para los cambios de sala, así que pregunta cómo es. Muchas organizan visitas cortas a la sala nueva mientras el niño sigue pasando casi todo el día en la de siempre, y van aumentando el tiempo a medida que se siente a gusto. Pregunta quién será su nueva educadora de referencia, si puede conocerla antes y cómo se transmite la información sobre sus necesidades, sus consuelos y sus rutinas. Un cambio de sala bien hecho es un trabajo en equipo, y conocer el plan te permite tranquilizar a tu hijo o hija con detalles reales.
Háblenlo en casa
Prepara a tu hijo o hija con palabras sencillas y alegres en los días previos al cambio. Di el nombre de la sala nueva, cuéntale cosas que va a encontrar y quién va a estar con él o ella. Si tienes una foto de la nueva educadora o de la sala, mírenla juntos. Que las razones sean a su medida: cambia de sala porque está creciendo y va a haber cosas nuevas que hacer. Repetir varias veces una versión corta y tranquila de esto ayuda a que se asiente sin abrumar.
Mantén algo de lo conocido
La continuidad es lo que más suaviza un cambio. Si le dejan llevar un objeto de consuelo, asegúrate de que viaja con tu hijo o hija a la sala nueva. Pregunta si algún amigo favorito cambia al mismo tiempo, porque una cara conocida puede hacer más amable un espacio desconocido. También importa que la vida en casa siga estable, así que mantén iguales la hora de dormir, las comidas y las rutinas mientras cambia la guardería. Cuando una parte del mundo de un niño se mueve, lo conocido del resto es lo que le da seguridad.
Cuenta con un bajón al principio
Es normal que un niño parezca menos feliz durante una o dos semanas después de cambiar de sala, incluso si antes estaba de maravilla. Puede que notes más resistencia en la despedida o un ánimo más apagado en casa. Recíbelo con cariño, no con alarma. Reconoce que una sala nueva puede resultar rara, dile que lo entiendes y sigue adelante con calma y seguridad. Tu serenidad es una señal muy clara de que la sala nueva es segura.
Mantén un contacto estrecho con las educadoras
La nueva educadora de referencia necesita conocer pronto a tu hijo o hija, así que comparte lo que ayuda: qué le calma, cómo duerme la siesta, qué le gusta comer y cualquier palabra o gesto que use. Pregunta cómo van los primeros días y cuánto dura el disgusto cuando te vas, porque una recuperación rápida en la sala suele ser la mejor medida de que la transición va bien. Si la nueva educadora entiende a tu hijo o hija desde el principio, el vínculo se forma antes.
Fíjate en el avance a lo largo de quince días
Juzga cómo va el cambio por la tendencia de un par de semanas, no por una mañana difícil. A medida que tu hijo o hija construye una relación con la nueva educadora y aprende la rutina nueva, las despedidas suelen hacerse más fáciles y su ánimo en casa mejora. Cada niño se adapta a una velocidad muy distinta, así que intenta no hacer comparaciones con otro niño que entró feliz desde el primer día.
Celebra que da un paso adelante
Un cambio de sala también es una oportunidad para que tu hijo o hija sienta orgullo y no ansiedad. Hablar de ello como una señal de que se hace grande, y mostrar interés por las cosas nuevas que hace, presenta el cambio como crecimiento. Preguntar por detalles concretos de su día, una canción nueva o un amigo nuevo, le dice que esa sala ya forma parte de su vida compartida y que vale la pena alegrarse.
Cuándo buscar más apoyo
Cierta inquietud es esperable y pasa. Habla con la dirección de la guardería o con tu pediatra si tu hijo o hija sigue con una angustia profunda durante varias semanas sin mejorar, se retrae o vive con miedo, pierde habilidades que ya tenía, o su sueño y su alimentación se alteran mucho durante bastante tiempo. Confía también en tu instinto sobre la sala nueva; si algo te parece mal y no solo nuevo, siempre es razonable hacer preguntas y esperar respuestas claras.
Lo esencial: Pregunta a la guardería cómo organiza el cambio de sala, mantén un objeto de consuelo y las rutinas de casa, y juzga el avance a lo largo de quince días y no por un día difícil.
AAP HealthyChildren, Soothing Your Child's Separation Anxiety