Cambiar a tu hijo de guardería: cómo preparar el cambio

Las razones pueden ser muchas: una mudanza, un cambio de horario en el trabajo o, sencillamente, que encontraste un lugar que encaja mejor con tu familia. Sea cual sea el motivo, cambiar de guardería tiene sus propios retos. Tu hijo o hija ya creó vínculos y conoce una rutina, así que no se trata de una primera despedida, sino de dejar atrás un mundo conocido. La buena noticia es que preparar el cambio con cariño marca una gran diferencia, tanto al irse del sitio anterior como al llegar al nuevo.

Es un cambio de verdad, aunque ya haya ido a otra guardería

Es fácil pensar que un niño que ya pasó por una guardería se adaptará sin problemas a otra. A veces ocurre, pero muchas veces el cambio remueve emociones, incluso en niños que estaban muy a gusto. Puede extrañar a sus educadoras y a sus amigos, extrañar las rutinas de antes o volver a mostrar algunos de los altibajos que viste la primera vez. Tratar el cambio como una transición real, y darle la atención que merece, prepara a tu hijo o hija mucho mejor que dar por hecho que se adaptará sin más.

Una buena despedida del lugar anterior

Los finales importan a los niños, y una despedida clara y cariñosa les permite soltar y seguir adelante.

  • Cuéntale con antelación, con palabras sencillas, que va a cambiar a una guardería nueva.
  • Celebren los últimos días: una foto con sus educadoras favoritas, un pequeño detalle de agradecimiento, un momento para decir adiós a sus amigos.
  • Si le reconforta, deja que guarde un recuerdo, como una foto de su educadora de referencia o de sus compañeros.
  • Habla con cariño de la guardería anterior y no la critiques delante de tu hijo o hija, para que no sienta que sus recuerdos felices estaban equivocados.

Un niño que pudo despedirse bien llega al sitio nuevo con menos emociones pendientes.

Habla bien de la guardería nueva

Los niños se fijan en ti para saber cómo sentirse. Si hablas del cambio con calidez y seguridad, es más probable que lo vivan como algo seguro. Cuéntale cosas concretas y alegres de la guardería nueva: los juguetes, el patio, los amigos que hará, la gente amable de su nueva sala. No la vendas como algo emocionante a cada minuto, porque si los primeros días cuestan puede llevarse una confusión, y evita compartir tus propias preocupaciones delante de tu hijo o hija. Sincero, cálido y sereno: ese es el tono.

Vuelve a hacer visitas de adaptación

Igual que con la primera guardería, aprovecha cualquier periodo de adaptación o visita de prueba que ofrezca el lugar nuevo. Lo conocido es tu mejor aliado. Deja que tu hijo o hija explore la sala nueva mientras te quedas cerca, que conozca a su nueva educadora de referencia y que se acostumbre a lo que ve, oye y huele antes del primer día completo. Empezar poco a poco, con estancias cortas que se van alargando, exige algo más de organización, pero hace que la adaptación sea mucho más suave que pasar directamente a jornadas completas.

Cuéntale al nuevo equipo quién es tu hijo o hija

Nadie conoce a tu hijo o hija como tú, y pasar bien esa información permite que el nuevo equipo le acompañe desde el primer día. Háblales de su rutina, de sus objetos de consuelo, de lo que le gusta y lo que no, de cómo muestra que algo le molesta y de lo que funcionó en su primera adaptación. Si las dos guarderías pueden compartir notas sobre su desarrollo y sus necesidades, mejor todavía. Llegar a un sitio donde ya te conocen, en lugar de empezar de cero, hace que un niño se sienta acogido.

Mantén la casa estable durante el cambio

Cuando una parte del mundo de tu hijo o hija se mueve, una casa previsible se convierte en su ancla. Intenta que las rutinas, las comidas y la hora de dormir sigan como siempre, y evita sumar otros cambios grandes al mismo tiempo si puedes. Dale más cariño y más momentos juntos los primeros días, porque adaptarse a un lugar nuevo, aunque sea la segunda vez, cansa mucho.

Cuenta con un nuevo periodo de adaptación

Es realista esperar algunos de los altibajos de la primera vez: lágrimas al despedirse, más apego en casa, sueño alterado o cambios de comportamiento. Eso no significa que te equivocaste al elegir. Es tu hijo o hija acostumbrándose a un entorno nuevo, y suele mejorar en un par de semanas. Usa siempre el mismo ritual de despedida, mantén un contacto estrecho con la nueva educadora de referencia los primeros días y dale tiempo a la adaptación antes de juzgar cómo va.

Cuándo conviene mirar más de cerca

Algunos altibajos son totalmente normales al cambiar de guardería. Aun así, vale la pena hablarlo con calma con el nuevo equipo o con tu pediatra si, después de varias semanas, tu hijo o hija sigue con un malestar intenso durante todo el día y no solo un momento al despedirse, no come ni duerme en la guardería, retrocede mucho en lo que ya hacía y no se recupera, parece tener miedo y no solo inquietud, o dice o muestra algo que te preocupa sobre el trato que recibe. Confía en tu intuición y pregunta. De todos modos, la mayoría de los niños, como ya pasaron por esto, encuentran su sitio en el lugar nuevo antes de lo que imaginas, sobre todo si el comienzo es cálido y está bien planeado.

Lo esencial: Para cambiar de guardería con buen pie: despídete bien del lugar anterior, habla con cariño del nuevo, vuelve a hacer visitas de adaptación y mantén la casa estable mientras tu hijo o hija se acostumbra.

NHS, Separation anxiety

HealthyChildren.org (AAP), Building Adjustment to Child Care