Cómo enseñar a los niños a hacer preguntas con cuentos, naturaleza y juego
Hacer preguntas es una habilidad, y como toda habilidad crece con la práctica y con buenos ejemplos. Algunos niños te acribillan a preguntas todo el día; otros necesitan un poco más de ánimo para ir más allá del "¿qué es eso?". En cualquier caso, puedes ayudarle con suavidad a preguntar mejor en tres escenarios tan llenos de material que siempre hay una buena pregunta esperando: los cuentos, la naturaleza y el juego. La meta no es que pregunte más, sino que pregunte con más profundidad y curiosidad.
Qué hace mejor a una pregunta
Una pregunta mejor no es una más difícil ni más inteligente. Es una pregunta que abre el pensamiento en lugar de cerrarlo. "¿Eso es un perro?" busca un sí o un no. "¿Por qué crees que ladra ese perro?" invita a pensar. Las preguntas mejores suelen empezar por por qué, cómo, qué pasaría si y me pregunto, en lugar de solo nombrar o comprobar. Esto no se enseña con sermones. Se enseña haciendo tú ese tipo de preguntas, una y otra vez, hasta que tu hijo o hija capta la melodía.
Cuentos: leer más allá de las palabras
La hora del cuento es uno de los momentos más fáciles para que crezcan las preguntas, porque un libro te da dibujos, personajes y sucesos sobre los que preguntarse cosas.
- Antes de pasar la página: "¿Qué crees que va a pasar ahora?"
- Sobre un personaje: "¿Por qué crees que hizo eso? ¿Cómo se siente?"
- Más allá del cuento: "¿Qué habrías hecho tú? ¿Y si hubiera pasado otra cosa?"
Los cuentos son el comienzo más suave, porque la página compartida les da a los dos algo seguro e interesante que señalar y sobre lo que pensar juntos.
Naturaleza: asombrarse con lo que de verdad hay
El aire libre es una fuente inagotable de preguntas, y la fascinación natural de los niños por los bichos, los charcos y las hojas te da muchísimo con lo que trabajar.
- Fíjate y pregúntate: "Me pregunto adónde va este caracol con tanta prisa".
- Miren de cerca: "¿Qué notas en estas dos flores? ¿En qué se diferencian?"
- Pregunten cómo y por qué: "¿Por qué crees que las hojas cambian de color? ¿Cómo hace la araña su telaraña?"
Casi nunca necesitarás las respuestas. Hacer en voz alta preguntas curiosas sobre las cosas reales que tienen delante le enseña que el mundo está lleno de cosas que merecen preguntas, justo a sus pies.
Juego: que las preguntas muevan el juego
El juego es donde los niños piensan con más libertad, así que es terreno fértil para las preguntas, sobre todo las del tipo "¿y si...?".
- Estira un juego de imaginar: "¿Y si a la tienda se le acabara todo? ¿Qué haríamos?"
- Piensen juntos al construir: "¿Por qué crees que la torre se cae todo el rato? ¿Qué la haría más fuerte?"
- Pregúntate por la historia que está inventando: "¿Y qué le pasa ahora al dragón?"
En el juego las preguntas no son exámenes sino parte de la diversión, y justo por eso los niños las recogen con tantas ganas aquí. Un "¿y si...?" bien puesto puede llevar todo un juego hacia una dirección nueva y encantadora.
Haz las preguntas que te gustaría oír
El método más eficaz en los tres escenarios es hacer, en voz alta y a menudo, el tipo de preguntas que te encantaría que hiciera tu hijo o hija. Los niños absorben la forma en que te preguntas las cosas. Si te oyen decir "me pregunto por qué" y "¿qué crees que pasaría si...?", esas frases pasan a formar parte de su manera de pensar sin hacer ruido. No le estás ordenando que pregunte mejor; le estás mostrando cómo suena una pregunta mejor, una y otra vez, hasta que se le pega.
Recibe sus preguntas con cariño
Nada de esto funciona si sus preguntas se encuentran con impaciencia. Cuando pregunte algo, sobre todo algo pensado, recíbelo con interés real, aunque tengas prisa o no sepas la respuesta. Un niño cuyas preguntas son bienvenidas pregunta más y llega más lejos. Uno cuyas preguntas se apartan aprende a guardárselas. El cariño es la tierra en la que crecen las buenas preguntas.
Que sea un juego, nunca una presión
Hay una línea fina entre invitar a preguntar y exigirlo. Lanzarle "¿qué crees que va a pasar?" a un niño que solo quiere disfrutar del dibujo lo estropea. Ofrece tus preguntas con ligereza, deja que pueda ignorarlas y síguele cuando lleve una idea a un sitio inesperado. Las mejores preguntas aparecen cuando se siente como un juego compartido, no como un entrenamiento. Si no está de humor, deja descansar las preguntas y simplemente disfruten del cuento, del paseo o del juego.
Una nota sobre el desarrollo
Las preguntas crecen de forma constante con la edad y con el lenguaje, y un niño más pequeño hará preguntas más simples que uno mayor, como debe ser. Si tu hijo o hija casi nunca pregunta, le cuesta entender preguntas sencillas o te preocupa su lenguaje o su audición, coméntalo con tu pediatra. En la mayoría de los niños, las preguntas más ricas llegan de forma natural con tiempo, cariño y muchos buenos ejemplos que copiar.
Para cerrar
Las buenas preguntas abren el pensamiento, y crecen mucho más con buenos ejemplos que con instrucciones. Pregúntate cosas en voz alta con los cuentos, en la naturaleza y en el juego, recibe sus preguntas con cariño y mantenlo todo en clave de juego. Hazlo con constancia y tu hijo o hija pasará de nombrar lo que ve a preguntarse de verdad por ello, que es donde empieza la curiosidad auténtica.
Lo esencial: Las buenas preguntas abren el pensamiento. Haz en voz alta preguntas de por qué, cómo y qué pasaría si con los cuentos, la naturaleza y el juego, recibe las suyas con cariño y que sea un juego, no un ejercicio.