Cómo explicarle las cosas a un niño: primero, que adivine

Antes de casi cualquier explicación tienes a mano una pausa diminuta, y casi todos nos la saltamos. Tu hijo o hija pregunta cómo funciona algo y respondes. Pero si le invitas a adivinar antes de explicar, ese pequeño retraso consigue algo que una respuesta instantánea no puede: enciende su mente antes de que llegue la información, y así la respuesta aterriza en un cerebro que está pensando y no en uno que solo escucha.

Por qué ayuda adivinar primero

Cuando adivina, se compromete con una idea. Ese compromiso hace que le importe el resultado. Tu explicación ya no es un dato suelto que pasa flotando: o confirma su corazonada o le sorprende, y las dos cosas se quedan mucho mejor que algo dicho sin más. Quienes estudian cómo aprendemos llevan tiempo observando que intentar responder primero, aunque sea mal, ayuda a que la respuesta correcta se asiente. No necesitas la ciencia para verlo. Basta con ver cómo se inclina hacia delante cuando tiene algo en juego.

El hábito es sencillo

Solo añades un paso corto antes de tu respuesta de siempre.

  • Tu hijo o hija pregunta: "¿Por qué flotan los barcos?"
  • Haces una pausa y preguntas: "Buena pregunta. ¿Tú qué crees?"
  • Adivina algo, acierte o no.
  • Después explicas, uniendo tu respuesta a su idea.

Ese es todo el método. La magia está en resistir las ganas de saltar directamente a la explicación que ya tienes preparada.

Que adivinar sea seguro

Un niño solo adivinará en voz alta si equivocarse le parece bien. Tu reacción ante una suposición equivocada lo es todo.

  • Nunca hagas que una suposición equivocada parezca tonta; trátala como un buen intento.
  • Di "Qué idea tan ingeniosa, vamos a ver si es así" antes de explicar.
  • Muestra que tus suposiciones también fallan: "Yo una vez pensé eso, pero en realidad..."
  • Celebra el hecho de adivinar: "Me encanta que intentaras averiguarlo".

Así le enseñas además que equivocarse es una parte normal y útil de pensar, no algo que temer.

Buenos momentos para pedir que adivine

Algunas preguntas y situaciones son perfectas para adivinar. Estate atento a estas.

  • Cualquier cosa sobre cómo o por qué funciona algo.
  • Una predicción: "¿Qué crees que pasará si mezclamos esto?"
  • Un cuento: "¿Qué crees que va a hacer ahora este personaje?"
  • Un problema práctico: "¿Cómo crees que podríamos alcanzar eso?"

No hace falta meter una suposición en cada conversación. Unas pocas al día, en el momento adecuado, construyen el hábito con suavidad.

Cuando no quiere adivinar

Algunos niños dicen "no sé" enseguida, para ir a lo seguro o para devolverte el trabajo. Un poco de andamiaje ayuda.

  • Acota la pregunta: "¿Crees que se hundirá o flotará?"
  • Ofrece dos opciones: "¿Por el agua o por la forma?"
  • Tranquilízale: "Aquí no hay respuesta mala, solo inténtalo".
  • Hazlo tú primero: "Yo adivino primero. Creo que es por la forma. ¿Y tú?"

Elegir entre dos posibilidades asusta mucho menos que una pregunta abierta, y aun así hace que prediga antes de que expliques.

Cuida el momento de la respuesta

Cuando por fin expliques, une tu respuesta a su suposición para cerrar el círculo. "Pensaste que era porque los barcos son ligeros, y eso es parte de la respuesta. También tiene que ver con la forma, que aparta el agua". Un niño que acertó en parte se siente listo; uno que se equivocó aprende algo sorprendente. En los dos casos, honrar su intento hace que quiera volver a adivinar. Nunca termines con un triunfal "no, te equivocaste". Termina con "esto es lo que pasa en realidad".

Ligero y de vez en cuando

Es un hábito, no una norma que imponer. Algunos días simplemente responderás, porque está cansado, disgustado o solo quiere un dato. Forzar una suposición cuando un niño necesita una respuesta rápida que le tranquilice sale mal. Adivinar primero brilla con las preguntas abiertas y curiosas en las que lo importante es pensar, y debería sentirse como un juego que disfrutan los dos, no como un aro por el que pasar.

Una nota sobre las expectativas

La capacidad de razonar y predecir se desarrolla poco a poco, y las suposiciones de un niño pequeño serán más disparatadas que las de uno mayor. Es exactamente lo que toca a su edad. Si te parece que a tu hijo o hija le cuesta mucho más que a otros niños entender causas y efectos sencillos, o tienes preocupaciones más amplias sobre su aprendizaje o su lenguaje, tu pediatra puede tranquilizarte u orientarte hacia un apoyo. En la mayoría de los niños, las suposiciones disparatadas y juguetonas son simplemente el sonido de una mente que lo intenta.

Si te quedas con una sola idea

Antes de explicar, deja sitio para una suposición. Esa pequeña pausa convierte a tu hijo o hija de oyente en pensador y hace que tu respuesta se le quede. Que equivocarse sea seguro, une tu respuesta a su idea y que sea un juego. Con el tiempo, adivinar primero se convierte en su forma de enfrentarse a cualquier pregunta nueva, un hábito de pensamiento que vale mucho más que cualquier respuesta suelta.

Lo esencial: Pídele que adivine antes de explicar. Comprometerse con una idea, aunque sea equivocada, prepara su mente para que la respuesta real se le quede y pensar se vuelva un hábito.

CDC, Positive parenting tips for preschoolers

AAP HealthyChildren, The power of play