Mi hijo no se defiende: cómo ayudarle a decir lo que quiere
Duele de una forma muy particular ver a tu hijo o hija callarse cuando claramente tiene algo que decir, ya sea pedir su turno, decirle a un amigo que algo no le gustó o contestar a un adulto simpático. Querer ayudarle a hablar por sí mismo es un instinto natural y cariñoso. La buena noticia es que encontrar la propia voz es una habilidad que crece con la práctica, y hay muchísimo que puedes hacer en casa para que esa práctica se sienta segura.
Empieza por valorar su voz en casa
Un niño aprende si sus palabras importan primero por cómo se reciben en casa. Cuando escuchas sus pequeñas opiniones, le dejas terminar sus frases y te tomas en serio sus preferencias, le enseñas que vale la pena hablar. Si sus palabras se ignoran, se apuran o se descartan a menudo, concluye en silencio que no tiene mucho sentido. No tienes que estar de acuerdo con todo lo que dice. Solo tienes que mostrarle, con constancia, que su voz se escucha y se respeta.
Dale palabras para nombrar lo que quiere
Hablar por uno mismo empieza por conocer las palabras. Muchos niños pequeños sienten algo con fuerza pero todavía no saben ponerlo en una frase. Puedes ayudar ofreciéndole frases que pueda tomar prestadas: "Quiero ir después", "Para, por favor, no me gusta" o "Todavía no quiero". Ensáyenlas en momentos tranquilos, quizá jugando con muñecos, para que las palabras le resulten conocidas cuando llegue una situación real. Así le das las herramientas, no solo los ánimos.
Deja que hable por sí mismo
Tienta, y es más rápido, hablar por tu hijo o hija. Pides por él o ella en la cafetería, contestas cuando alguien le pregunta su nombre, resuelves la pelea en el parque. Cada vez, le quitas una pequeña oportunidad. Cuando sea seguro y adecuado, haz una pausa y deja que lo intente. Puedes darle ánimos con suavidad, "puedes decírselo tú", y luego esperar. Unos segundos de silencio alentador le dan espacio para encontrar sus palabras, algo que casi nunca pasa si siempre llenas tú el hueco primero.
Respeta sus límites para que aprenda que puede tenerlos
Un niño al que se le permite decir que no a cosas pequeñas aprende que su voz tiene poder. Si insistes en que abrace a un familiar al que no quiere abrazar, o en que se termine la comida cuando ya no tiene hambre, le enseñas que sus objeciones no cuentan. Ofrecerle formas aceptables de decir que no, un saludo con la mano en lugar de un abrazo, un "no, gracias" a más comida, le muestra que poner un límite está permitido y es normal. Esa experiencia temprana es la que le permite hablar en momentos más grandes después.
Practica en situaciones con poca presión
La seguridad para hablar se construye a pasitos seguros. Deja que tu hijo o hija entregue el dinero en la tienda, pregunte en la biblioteca dónde están los libros de animales o le diga al camarero lo que quiere. Empieza por las personas y situaciones menos intimidantes, y celebra el intento salga como salga. Cada pequeño éxito es un depósito en una cuenta creciente de "yo puedo", y ese saldo es lo que usa cuando llega un momento más difícil.
No lo fuerces, sobre todo con un niño callado
Algunos niños son reservados por naturaleza, y empujarles a lucirse, "saluda, no seas así", suele hacer que se cierren más y sientan vergüenza. Respeta el temperamento de tu hijo o hija. El cariño y las oportunidades suaves funcionan mucho mejor que la presión. Deja que un niño tímido observe antes de sumarse, cuéntale de antemano lo que va a pasar y nunca le pongas en evidencia en público por su silencio. Un niño callado puede aprender a hablar por sí mismo sin ninguna duda, pero solo cuando lo siente como una elección suya y no como una exigencia.
Muéstrale cómo lo haces tú
Los niños copian lo que ven. Deja que te vea pedir con educación que corrijan un error, decirle a una amiga que prefieres hacer otra cosa o no estar de acuerdo con calma, sin drama. Cuéntalo con ligereza después: "Les dije que mi café estaba frío y me hicieron otro". Verte usar tu propia voz, con respeto y sin dramas, le enseña que hablar por uno mismo es una parte normal y corriente de llevarse bien con la gente, no un enfrentamiento que haya que temer.
Cuando el silencio merece una mirada más atenta
La timidez es frecuente y normalmente no es motivo de preocupación. A veces, un niño habla con soltura en casa pero es completamente incapaz de hablar en ciertos lugares, como la guardería, o sus pocas ganas de comunicarse son intensas, duran mucho y afectan a su vida diaria y a sus amistades. Patrones así, o dudas sobre el habla y el lenguaje en general, vale la pena comentarlos con tu pediatra o con el personal de la guardería, que pueden ayudarte a entender si tu hijo o hija se beneficiaría de un apoyo extra.
Una voz que perdura
La meta no es un niño que hable fuerte o que actúe para el público, sino uno que sabe que sus pensamientos y necesidades merecen expresarse y que tiene la seguridad para hacerlo. Valorando su voz, dándole palabras, dejando que hable y respetando sus pequeños límites, le ayudas a defenderse con palabras de una forma que encaja con quien es. Esa capacidad firme y respetuosa de hablar por sí mismo le dará protección y le servirá en sus amistades, en el colegio y mucho más allá.
Lo esencial: Un niño encuentra su voz cuando sus palabras se valoran en casa: dale frases, deja que hable por sí mismo, respeta sus pequeños límites y nunca obligues a un niño callado a lucirse.
UNICEF, Helping your child's social and emotional development