Calor y deshidratación en niños: síntomas y cómo prevenirlos
Los niños sienten el calor más que los adultos. Se calientan más rápido, sudan con menos eficacia y muchas veces no notan la sed hasta que ya les faltan líquidos, sobre todo si están entretenidos jugando. El tiempo caluroso, un auto al sol o una habitación sin ventilar pueden llevar rápido a un niño pequeño a sobrecalentarse y deshidratarse. Conocer las señales te permite disfrutar de los días de calor sin perder de vista el momento en que tu hijo o hija necesita refrescarse y beber.
Por qué los niños se calientan tan rápido
El cuerpo de un niño pequeño tiene más superficie en relación con su tamaño, así que absorbe el calor rápido, y su forma de regular la temperatura aún se está desarrollando. Los bebés, en especial, no pueden alejarse del calor, quitarse ropa ni pedir agua, así que dependen por completo de ti. Si a eso le sumas que los niños siguen jugando aunque tengan mucho calor, se entiende por qué conviene estar atentos en los días calurosos. La buena noticia es que prevenir es, sobre todo, sentido común cuando sabes qué mirar.
Cómo combatir el calor
La protección más sencilla es evitar las horas de más calor. Quédense a la sombra o dentro de casa en las horas centrales del día y dejen el juego activo al aire libre para la mañana temprano o la tarde, cuando refresca. Viste a tu hijo o hija con ropa holgada, ligera y transpirable, y quítale capas dentro de casa para que no pase calor. Mantén las habitaciones frescas cerrando cortinas o persianas del lado del sol, abriendo ventanas cuando el aire de fuera esté más fresco y usando un ventilador para mover el aire, aunque nunca apuntando directamente a un bebé pequeño. Un baño fresco, chapotear en agua poco profunda con un adulto al lado o un paño húmedo sobre la piel ayudan a que un niño acalorado se sienta mejor.
Nunca dejes a un niño en un auto estacionado
Este punto merece decirse claramente, porque salva vidas. El interior de un auto se calienta a una velocidad asombrosa, incluso en un día templado y con una ventana entreabierta, y alcanza temperaturas peligrosas en minutos. Nunca dejes a un bebé o a un niño sin un adulto en un auto estacionado, ni siquiera para un recado rápido. Acostúmbrate a mirar el asiento de atrás cada vez que bajas del auto, y guarda las llaves fuera del alcance de los niños para que no puedan meterse y quedarse atrapados.
Que no falten los líquidos
Beber con regularidad es la clave para prevenir la deshidratación. Ofrece agua a menudo a los bebés de más de seis meses y a los niños mayores durante todo el día caluroso, sin esperar a que la pidan. Los bebés de menos de seis meses con lactancia materna exclusiva no necesitan agua: ofréceles el pecho con más frecuencia. Los bebés que toman leche de fórmula pueden tomar agua hervida y enfriada además de su leche habitual cuando hace calor. Durante el juego activo, haz pausas para beber y ofrece alimentos con mucha agua, como pepino, melón, sandía y otras frutas. Si ha sudado mucho o ha estado enfermo o enferma, necesitará más líquidos para recuperarse.
Reconocer la deshidratación y el exceso de calor
Conocer las primeras señales te permite actuar antes de que la cosa se complique. Las señales de deshidratación en niños incluyen boca y labios secos, menos pañales mojados o menos pipí, orina oscura y de olor fuerte, cansancio, irritabilidad, mareo y, en los bebés, la fontanela hundida, los ojos hundidos y menos lágrimas al llorar. Las señales de exceso de calor y agotamiento por calor incluyen piel enrojecida, o pálida y sudorosa, dolor de cabeza, náuseas, calambres, mareo y un cansancio fuera de lo normal. Si las conoces, puedes llevar a tu hijo o hija a un lugar fresco, aflojarle la ropa y ofrecerle sorbos de líquido a la primera señal.
Qué hacer ante un agotamiento por calor
Si tu hijo o hija muestra señales de agotamiento por calor, actúa con calma y sin demora. Lleva a tu hijo o hija a un sitio fresco, quítale la ropa que sobra y deja que se tumbe a descansar. Ofrécele mucho líquido, idealmente agua o un suero de rehidratación oral, y refresca su piel con agua fresca en la cara, el cuello y las axilas, con un ventilador o un paño húmedo y fresco. La mayoría de los niños empiezan a sentirse mejor en una media hora con frescor y líquidos. Sigue con el descanso y los líquidos, y quédate a su lado para ver si mejora o empeora.
Cuándo buscar ayuda
El agotamiento por calor puede convertirse en un golpe de calor, que es una emergencia médica. Llama de inmediato al número de emergencias si tu hijo o hija tiene una temperatura muy alta, la piel caliente y sin sudor, respira muy rápido o tiene el corazón muy acelerado, confusión, una convulsión, mucho sueño o no responde, o si no mejora en unos treinta minutos de frescor y descanso. Consulta también si no retiene los líquidos, si muestra señales de deshidratación importante como muy pocos pañales mojados, ojos hundidos o un sueño extremo, o si es un bebé pequeño y parece encontrarse mal con el calor. Ante la duda, pide consejo en lugar de esperar.
Disfrutar del calor con seguridad
Los días de calor están para disfrutarlos y, con un poco de planificación, tu hijo o hija puede jugar, chapotear y explorar feliz. Lo esencial es fácil de recordar: evitar el calor del mediodía, ropa ligera, nunca dejar a un niño en el auto, ofrecer agua a menudo y estar pendiente de las primeras señales para bajar su temperatura rápido. Con estos hábitos, el verano sigue siendo una época de diversión y no de preocupación.
Lo esencial: Mantén a los niños frescos y bien hidratados cuando hace calor, nunca dejes a un niño en un auto estacionado y vigila las señales de deshidratación y agotamiento por calor para actuar y pedir ayuda rápido.