¿Hay que obligar a los hermanos a compartir?

"¡Préstaselo a tu hermano!" Es de las frases que más se oyen en una casa con varios niños. Pero que un niño entregue un juguete porque un adulto se lo ordena no siempre es compartir. Entre hermanos hay de todo, cariño, fastidio, rivalidad y paces; a los adultos les toca la seguridad y que cada uno reciba lo que necesita, y a los niños, espacio para sentir cosas mezcladas sin papeles fijos. Un buen comienzo es separar lo que es de cada uno de lo que es de todos.

En pocas palabras

Entregar algo a la fuerza puede parecer compartir y enseñar muy poco sobre la generosidad, lo que es de cada uno o saber esperar. Los niños necesitan algunas pertenencias personales protegidas y también cosas de la familia con normas claras de turnos.

Cómo se ve en la práctica

Da ejemplo ofreciendo tú, pide en lugar de mandar y ayuda al niño que espera a encontrar otra opción o a ver cuándo terminará el turno. Los adultos pueden exigir un uso seguro de lo compartido sin que cada pertenencia tenga que estar disponible cada vez que el otro la pida.

Lo primero que conviene observar

Fíjate en el desencadenante, en de quién es la cosa, en el cansancio, en si están amontonados, en la atención de los adultos, en la diferencia de fuerza y en si cada niño puede irse de la situación, y apunta qué pasó cuando intervino un adulto. Lo que les pidas después tiene que estar al alcance de lo que de verdad saben hacer, no ser una solución sofisticada mientras siguen desbordados.

Un plan realista

  • Separa lo personal de los juguetes compartidos.
  • Protege algunas cosas especiales.
  • Usa turnos para lo que es de todos.
  • Da ejemplo de generosidad sin forzarla.

Empieza por separar lo personal de lo común y por proteger unas pocas cosas especiales, como el peluche de dormir o el regalo de cumpleaños recién estrenado, que pueden guardarse en una caja propia antes de que lleguen visitas. Frena el daño y aclara el límite del momento sin montar un juicio; cuando haya calma, enseña la petición, el turno, la separación o la reparación que encaje, y cambia las condiciones que una y otra vez les ponen en situación de fracasar.

Cómo encajan los pasos

Primero, qué es de cada uno y qué es de todos. Después, unas pocas cosas que no se prestan si no se quiere. Luego, turnos claros para lo común, con un reloj de arena si ayuda. Por último, tu ejemplo: ofrecer, pedir con amabilidad y dar las gracias. Primero, la protección de quien es más frágil; enseñar y reparar, siempre después y con la calma recuperada.

Un mismo plan para todos los que cuidan

Pónganse de acuerdo en los dos primeros pasos, separar lo personal y proteger lo especial, para que los niños reciban una respuesta reconocible aunque cada adulto use sus propias palabras. Dejen claro también quién se ocupa de proteger al más vulnerable si una pelea se tuerce, y cómo se repara después de forma realista.

Un periodo de prueba útil

Prueba esta separación durante varios días normales en lugar de juzgarla por uno especialmente fácil o difícil. Anota qué estaba pasando, cómo reaccionó cada niño y qué efecto tuvo en la casa, en pocas líneas, para que observar no se vuelva una carga más.

Al revisar, fíjate sobre todo en cómo funcionan los turnos con lo común. Lo que hizo la convivencia más segura o más clara, se queda; lo que la casa no aguanta, se simplifica; y cada cambio, de uno en uno, salvo que una duda de salud, seguridad o desarrollo aconseje consultar antes.

Lo que depende de ti y lo que no

Proteger las cosas especiales es cosa de los adultos, igual que la vigilancia, el acceso a lo que escasea y el límite de seguridad. Ningún adulto puede ordenar el acuerdo o el cariño entre hermanos; lo que sí puede es no confundir una diferencia de fuerza con un conflicto entre iguales y soltar las riendas a medida que ganan habilidades.

Seguridad y respeto

Todo lo anterior llega después de que todos estén físicamente a salvo. Interviene de inmediato ante golpes, intentos de ahogar o estrangular, uso de objetos peligrosos, miedo o un niño que no puede alejarse, y no uses una disculpa forzada como prueba de que ya no hace falta vigilar.

Lo que suele estorbar

Compartir se complica cuando se le asigna a un niño un papel fijo ("el generoso", "el egoísta"), cuando se fuerza el cariño o una disculpa inmediata, cuando se confunde ser justo con tratar a todos exactamente igual o cuando se espera que los niños resuelvan un conflicto en el que hay peligro o una diferencia de fuerzas que pide protección adulta.

Cómo saber si va mejor

Avanzar puede significar pedir ayuda, hacer una pausa antes de arrebatar, aceptar separarse un rato, esperar un turno o reparar con menos dirección de un adulto. Que los conflictos sean más seguros y que se recuperen antes importa más que una armonía constante, y los golpes que se repiten o el miedo merecen apoyo profesional.

Una nota breve puede recoger qué desencadenó la pelea, la diferencia de edad o de fuerza, cómo respondió el adulto y cómo se recuperaron, para que muestre un patrón útil y no se convierta en una prueba contra uno de los niños.

Cuándo pedir más ayuda

Busca apoyo profesional, empezando por tu pediatra, si hay golpes que se repiten, miedo o angustia extrema, el día a día se altera mucho, el patrón aparece en distintos lugares o los adultos no consiguen mantener la seguridad. Un peligro inmediato necesita ayuda urgente en tu zona, y preguntar pronto no le pone a ninguno de los niños una etiqueta para siempre.

Lo que conviene recordar

Lo que buscas no es la obediencia perfecta ni una casa de revista. Empieza por separar lo personal de lo compartido, cuida la conexión y la seguridad, mira hacia dónde van las cosas con el tiempo y pide una valoración individual cuando una guía general no basta para entender lo que le pasa a tu hijo o hija.

Lo esencial: Empieza por separar lo personal de lo compartido, adáptalo a tu casa y revisa qué cambia.

American Academy of Pediatrics, Preparing an older child for a new baby

American Academy of Pediatrics, Positive discipline