Juego dirigido por el niño: por qué seguir su juego fortalece el vínculo

Cuando los adultos juegan con niños pequeños, muchas veces no podemos evitarlo. Sugerimos, organizamos, convertimos la torre en una clase de números, llevamos con suavidad la historia hacia algo más sensato. Nace del cariño. Pero parte del vínculo más profundo se construye cuando hacemos lo contrario: cuando dejamos de lado nuestro plan y simplemente seguimos a donde nos lleva nuestro hijo o hija. Ese es el poder silencioso del juego dirigido por el niño.

Qué significa de verdad seguir su juego

En el juego dirigido por el niño, tu hijo o hija decide a qué se juega, cómo se juega y qué pasa después, mientras tú te conviertes en un seguidor interesado y dispuesto. No te quedas en un rincón aburrido y sin hacer nada. Estás presente de forma activa, sumándote en sus términos. Si quiere que el perro de juguete vuele, el perro vuela. Si el juego es poner en fila todos los coches y luego tirarlos cuarenta veces, ese es el juego. Vas de pasajero en su viaje, no de director.

Por qué une tanto

Que te sigan es una experiencia poco común y muy poderosa para un niño pequeño. Todo el día le dicen adónde ir, qué comer y cuándo parar. Cuando le das el mando en el juego, le das una probada de influencia real y toda tu confianza en sus ideas. Por eso esta conexión cala tan hondo. Le dice a tu hijo o hija, sin una sola palabra, que quien es y lo que imagina te encanta de verdad.

Lo que aporta más allá del vínculo

Los beneficios van más allá de la cercanía, aunque la cercanía es el corazón de todo. Cuando sigues en lugar de dirigir, tu hijo o hija practica tomar decisiones, resolver sus propios problemas y hacer avanzar una historia. Este tipo de juego favorece el lenguaje, la imaginación y la confianza. Como es quien lleva la iniciativa, se implica mucho más de lo que se implicaría en una actividad que organizaste tú, y los niños implicados aprenden mejor.

Cómo hacerlo en la práctica

Seguir parece sencillo, pero requiere un poco de práctica, porque las ganas de ayudar son fuertes. Algunos hábitos suaves lo facilitan.

  • Siéntate en el suelo a su altura y espera a que te invite a entrar.
  • Cuenta lo que ves en lugar de dar instrucciones: "Estás haciendo los bloques altísimos".
  • Imita su juego y súmate a él en lugar de reconducirlo.
  • Evita las preguntas que examinan, como "¿de qué color es eso?". Guarda la enseñanza para otro momento.
  • Deja que haya pausas. No tienes que llenar cada silencio con una sugerencia.

Aguanta las ganas de mejorarlo

Esta es la parte más difícil para casi todos. Tu hijo o hija pinta el cielo verde, construye una torre tambaleante e ilógica o cuenta una historia sin final, y a ti te pican las manos por arreglarlo. Intenta aguantar. Corregir y mejorar, por amable que sea, le quita el mando sin que se note. Lo importante aquí no es un buen resultado. Es la experiencia de que confíes en su autoría. En este juego, un cielo verde es un cielo perfecto.

Ratos cortos y auténticos

No necesitas largos periodos para que funcione. Incluso diez o quince minutos de juego siguiéndole de verdad, ofrecidos con regularidad, son más que suficientes. Mejor un rato corto de atención real que uno largo en el que estás a medias y dirigiendo en secreto. Si la cabeza se te va a la ropa sucia, vuelve con suavidad a lo que tu hijo o hija está haciendo ahora mismo. Lo auténtico le gana siempre a lo largo.

Cuando resulta aburrido o repetitivo

Seamos honestos: el juego de los niños pequeños puede ser repetitivo y, para un cerebro adulto, profundamente tedioso. El mismo rescate, el mismo choque, la misma merienda de muñecos, una y otra vez. Esa repetición es la forma en que los niños dominan las ideas y se sienten seguros, así que intenta verla como algo con sentido y no como una pérdida de tiempo. Recordarte que esos minutos están construyendo la relación, y no solo pasando el rato, puede hacer un poco más disfrutable el choque de coches número cuarenta.

Una nota sobre el desarrollo

El juego también es una ventana a cómo está creciendo tu hijo o hija. La mayoría de las diferencias en cómo juegan los niños son simplemente personalidad y gustos. A veces, sin embargo, conviene mirar más de cerca. Si hacia los tres años tu hijo o hija apenas juega a imaginar o a hacer como si, no parece interesarse por jugar contigo, evita el contacto visual o tienes otras dudas sobre su comunicación o su desarrollo, coméntalo con tu pediatra. Hablarlo pronto ayuda, y seguir su juego es además una forma preciosa de fijarte en todo lo que ya sabe hacer.

Si te quedas con una sola idea

Seguir la iniciativa de tu hijo o hija les pide algo sorprendentemente difícil a los adultos ocupados y resolutivos: dejar de dirigir y simplemente estar. Pero la recompensa es grande. Tu hijo o hija aprende que su imaginación importa, que puede liderar y que estás de su lado de verdad. Ofrecido con regularidad y sin ningún plan, el juego dirigido por el niño se convierte en uno de los momentos más cálidos y cercanos de la semana, para los dos.

Lo esencial: Deja que tu hijo o hija dirija el juego por completo mientras tú le sigues con gusto: que confíes en su mando le dice que sus ideas te encantan y fortalece el vínculo.

NHS, Play ideas and reading with your child

UNICEF, How play strengthens your child's mental health