No obligar a los niños a dar besos: cómo pedírselo a los abuelos
"Dale un beso a la abuela." En muchas familias es una frase automática, dicha con cariño. Pero un niño al que se presiona para repartir cariño cuando se lo piden está aprendiendo sin ruido que su "no" puede pasar por encima un adulto en el que le dicen que confíe. Enseñar autonomía corporal desde pequeños es uno de los regalos más sencillos y protectores que puedes hacer, y empieza en el momento cotidiano de un saludo.
En pocas palabras
Puedes pedir a los abuelos que no fuercen besos ni abrazos sin ningún conflicto si lo planteas con cariño y le das a tu hijo o hija otras formas de mostrar afecto. El mensaje no es "mantén la distancia con mi hijo", sino "que el cariño sea una elección de mi hijo".
Por qué importa el cariño forzado
Cuando a los niños se les enseña que tienen que aceptar el contacto físico para ser educados, pueden quedarse con la lección más amplia de que su comodidad va después de los deseos de un adulto. Quienes trabajan en la prevención y la seguridad infantil animan siempre a dejar que los niños decidan sobre su propio cuerpo, precisamente porque un "no, gracias" dicho con seguridad es una pieza clave para protegerse más adelante. No se trata de frialdad con los abuelos. Se trata de que tu hijo o hija crezca sabiendo que su cuerpo le pertenece.
Lo primero que conviene observar
Fíjate en las señales de tu hijo o hija al saludar. Algunos niños se lanzan a los brazos de todo el mundo; otros se ponen rígidos, giran la cara, se esconden detrás de tu pierna o dan un abrazo apretado y de compromiso que claramente no quieren dar. No hay nada que arreglar en un niño reacio. Lo que hay que ajustar es lo que los adultos esperan de él. Fíjate también en que la reticencia muchas veces no tiene nada que ver con el cariño. Un niño puede adorar a su abuelo y aun así no querer que le den un beso nada más entrar.
Un plan para que todos estén contentos
- Ofrece a tu hijo o hija un menú: un abrazo, un adiós con la mano, chocar los cinco, un beso lanzado por el aire o simplemente "hola".
- Da ejemplo preguntándole tú: "¿Quieres un abrazo o decir hola con la mano?".
- Avisa a los abuelos con antelación y con cariño, para que nadie se lleve una sorpresa en la puerta.
- Celebra la conexión que tu hijo o hija sí ofrece en lugar de lamentar la que no.
Cómo plantearlo a los abuelos
El momento y el tono lo son todo. Plantéalo en privado, antes de una visita, y no como una corrección en el momento. Puedes decirles que estás enseñando a tu hijo o hija que los abrazos son siempre su elección, que tiene que ver con la seguridad y la confianza, y que no dice nada de lo mucho que los quiere. Ofrecer una alternativa ayuda muchísimo: "Quizá no quiera darte un beso nada más llegar, pero le encantaría enseñarte su dibujo". Al pedirles que no fuercen besos ni abrazos de esta forma, les estás dando un camino nuevo para acercarse, no cerrándoles una puerta.
Otro camino hacia la cercanía para los abuelos
El contacto físico es solo uno de los lenguajes del cariño, y para un niño pequeño reticente suele ser el último en abrirse. A los abuelos que se sienten un poco rechazados se les puede guiar con suavidad hacia los demás: leer juntos, jugar a algo, cocinar, dejar que el niño les enseñe su juguete favorito, sentarse uno al lado del otro. La cercanía construida compartiendo una actividad muchas veces florece después en abrazos espontáneos y de verdad, que valen mucho más que un beso forzado en la puerta. Tranquiliza a los abuelos: los abrazos suelen llegar, al ritmo del niño.
Lo que depende de ti y lo que no
Puedes marcar la expectativa, ofrecer el menú y dar ejemplo de consentimiento. No puedes garantizar que todos los familiares lo hagan bien siempre, y un abrazo algo forzado de un abuelo cariñoso no va a deshacer lo que enseñas. Mantén tu mensaje constante y tranquilo. Si ocurre un abrazo que tu hijo o hija claramente no quería, puedes reforzar el mensaje después con calma: "Siempre puedes decir no, gracias, a un abrazo, incluso a las personas que queremos". La firmeza tranquila de tu mensaje importa más que vigilar cada saludo.
Si los abuelos se resisten
Algunos abuelos pueden sentir que la petición es exagerada o que en su época era distinto. Mantente cálido o cálida pero firme. No acusas a nadie de nada; estás enseñando una habilidad para la vida. Puede ayudar centrarlo en tu hijo o hija y no en el abuelo: "Es algo que estamos trabajando con ella sobre su cuerpo, con todos los adultos, no solo contigo". La mayoría de los familiares, cuando entienden que tiene que ver con la seguridad y la confianza, cambian enseguida.
Cuándo prestar más atención
La timidez normal al saludar es completamente habitual y no pide más que respetarla. Vale la pena comentarlo con tu pediatra si tu hijo o hija empieza de repente a mostrar mucho miedo de una persona concreta, muestra un malestar que parece desproporcionado o cambia su comportamiento de una forma que te preocupa. Confiar en tu instinto y preguntar pronto siempre es razonable, y casi siempre trae simplemente tranquilidad.
Lo que conviene recordar
Pedir a los abuelos que no fuercen besos ni abrazos es enseñarle a tu hijo o hija, desde el principio, que el cariño se da libremente y nunca se exige. Ofrece alternativas, mantén un tono cariñoso y dales a los abuelos caminos más cálidos y pausados para acercarse. No pierdes nada de calidez y ganas un hijo o una hija que crece sabiendo que su sí y su no cuentan.
Lo esencial: El cariño tiene que ser una elección de tu hijo o hija. Ofrece un menú de saludos, avisa a los abuelos con cariño de antemano y deja que los abrazos de verdad lleguen a su ritmo.