Juego simbólico entre niños: cómo resolver las peleas por los papeles
"Yo soy la mamá". "No, yo soy la mamá". "Pues entonces no juego". El juego simbólico es una mina de imaginación y aprendizaje social, pero vive o muere por un obstáculo que se repite: quién hace de qué personaje. Cualquier madre o padre de niños pequeños vio alguna vez cómo un juego precioso se derrumba en cuanto dos quieren el mismo papel codiciado. Ayudarles a negociar los papeles suaviza uno de los puntos de roce más comunes de las primeras amistades.
Por qué los papeles importan tanto
Para un niño pequeño, el papel no es un detalle sin importancia: es todo el encanto. Ser el que tiene poder, el que cuida, el héroe o la mascota querida le permite probarse emociones e identidades que no puede tener en la vida real. Precisamente por eso los papeles populares se disputan y los menos vistosos, el bebé, el ayudante del bueno, se quedan sin nadie. La intensidad es una señal del enorme trabajo de desarrollo que está haciendo el juego simbólico, no de un niño malcriado.
Deja que lo intenten primero
Antes de intervenir, dales la oportunidad de repartirse los papeles por su cuenta. Negociar los papeles es justo la habilidad que enseña este momento, y los niños muchas veces llegan a un acuerdo antes de lo que esperarías si los adultos no revolotean. Un rápido "tú eres la mamá primero y luego yo" es un logro real, y solo ocurre si hay espacio para ello. Guarda tu intervención para cuando el bloqueo sea de verdad.
Ofrece herramientas para llegar a un acuerdo
Cuando el juego se detiene por el reparto, entra como guía y no como director. Algunas ideas ayudan a negociar los papeles con justicia:
- Proponer turnos: "Tú eres la veterinaria ahora y cambian después del siguiente paciente".
- Ampliar la historia para que haya dos papeles importantes, no uno.
- Introducir un personaje nuevo que les guste a los dos.
- Usar un sorteo justo, como una canción para echar a suertes, para un único papel muy deseado.
- Animarles a preguntarse entre ellos: "¿Qué papel te gustaría?".
Ampliar la historia es una de las favoritas por algo. Si los dos quieren ser la mamá, el juego puede tener simplemente dos mamás, o una mamá y una tía, o dos superhéroes rivales. Ensanchar el mundo esquiva la pelea por completo y muchas veces hace el juego más creativo.
Rescata los papeles impopulares
Nadie quiere ser el bebé, el paciente o el cliente de la tienda, pero esos papeles mantienen viva la historia. Puedes hacerlos atractivos en lugar de dejarlos como premio de consolación. Resalta su diversión: "Al bebé le toca ir en el cochecito a toda velocidad". O haz que roten, para que ningún niño se quede de ayudante toda la tarde. A veces sumarte tú un minuto en el papel aburrido rompe el bloqueo y muestra cómo se puede jugar con muchas ganas.
Muestra cómo se negocia cuando juegas tú
Cuando juegas a imaginar con tu hijo o hija, tienes una oportunidad natural de mostrar la habilidad. Acepta con alegría el papel menos emocionante, propón cambios en voz alta y muestra que puedes disfrutar del juego hagas el papel que hagas. "Esta vez yo soy el perro, y la próxima lo eres tú". Los niños absorben este ejemplo y empiezan a copiarlo con sus amigos, así que tu buen espíritu en un juego inventado enseña más de lo que podría enseñar cualquier sermón.
Acompaña la flexibilidad más que el ganar
Algunos niños insisten en el papel principal todas las veces y no ceden. Abórdalo con suavidad, porque quien nunca puede hacer de héroe acaba perdiendo el interés en jugar. Señala el patrón con amabilidad y destaca lo bien que se siente que todos tengan su turno. También puedes elogiar con cariño los momentos flexibles: "Dejaste que Martín fuera el capitán y los dos tuvieron un juego estupendo". Prestar atención a la cooperación hace que haya más.
Expectativas realistas
Repartir los papeles con justicia exige ponerse en el lugar del otro y controlar los impulsos, dos cosas que todavía se están desarrollando en los primeros años. Cuenta con que el éxito sea irregular, sobre todo cuando los niños tienen cansancio, están muy alterados o muy metidos en un personaje concreto. Busca una mejora gradual y no una fiabilidad total, y recuerda que incluso algún juego que se derrumba forma parte de cómo los niños aprenden a dar y recibir.
Cuándo buscar un poco de apoyo
Las peleas por los papeles del juego simbólico son una parte normal y sana del juego. Puede valer la pena hablarlo con tu pediatra o con la educadora de referencia de la guardería si hacia los tres años tu hijo o hija apenas juega a imaginar o a hacer como si, parece totalmente incapaz de ceder en ningún papel en todos los entornos a pesar de mucho apoyo, o la dificultad viene junto a otras preocupaciones sobre la comunicación, la imaginación o la relación con otros niños. Son motivos para una conversación de apoyo, no señales de que las disputas corrientes por los papeles sean un problema.
Lo más importante
Deja que intenten repartirse el juego por su cuenta y luego entra como guía cuando se atasquen. Ofrece turnos, amplía la historia para que haya más de un papel bueno, haz divertidos los papeles impopulares y muestra con alegría cómo se comparten los papeles cuando juegas tú. Mantén unas expectativas suaves, celebra los momentos flexibles y trata las inevitables peleas por el reparto como la valiosa práctica social que son.
Lo esencial: Deja que los niños se repartan el juego primero y luego guíales hacia los turnos o hacia ampliar la historia, para que más de un niño tenga un papel que le encante.