La importancia del juego en el desarrollo infantil

El juego y el desarrollo infantil van de la mano porque jugar le da a un niño pequeño un motivo para practicar. Estirarse hacia un pañuelo usa la vista y el movimiento. Esconderlo plantea un problema para pensar. Devolverlo invita a comunicarse. Un solo momento sencillo puede abarcar varias áreas del desarrollo sin convertirse en una clase.

El juego permite probar ideas con seguridad

Cuando un bebé tira la cuchara una y otra vez, está aprendiendo sobre el sonido, la distancia y la reacción del adulto. Cuando un niño de 1 a 3 años llena y vacía un recipiente, explora el tamaño, la causa y el efecto y la planificación de sus movimientos. La repetición puede cansar a los adultos, pero le sirve al niño para comparar un resultado con el siguiente.

Tu papel cambia durante el juego

  • Primero observa, para saber qué está explorando tu hijo o hija.
  • Únete con un comentario o imitando lo que hace, sin tomar el control.
  • Ayuda solo lo necesario para que el problema siga siendo manejable.
  • Vuelve a dar un paso atrás cuando tenga una idea nueva.

El juego que dirige el adulto también tiene su lugar, sobre todo para la seguridad, las rutinas nuevas y los juegos tradicionales que se comparten en familia. Una buena mezcla incluye momentos en que diriges tú, momentos en que dirige tu hijo o hija y ratos de exploración por su cuenta contigo cerca.

Materiales con más de una respuesta

Las cajas de cartón, los vasos, las telas, los bloques, las cucharas y los libros de cartón se pueden usar de muchas formas. Elige objetos adecuados para su edad y vigila con atención. Evita las piezas pequeñas, los cordones largos, los bordes afilados y los materiales que se puedan tragar. El valor está en la interacción, no en el precio del juguete.

Saber cuándo terminar

El juego es más útil mientras el reto es manejable. Si tu hijo o hija gira la cara una y otra vez, llora, tira todos los objetos o se desorganiza, simplifica o para. El descanso y el consuelo no son tiempo de aprendizaje perdido: le permiten volver con ganas de participar.

Una actividad puede apoyar varias áreas a la vez

Piensa en un bebé que se estira hacia una cuchara de madera. El cuerpo se desplaza y la mano se abre, lo que favorece el movimiento. El bebé mira qué pasa cuando la cuchara golpea el suelo, lo que favorece entender la causa y el efecto. Un adulto dice "¡Se cayó!" y se la devuelve, lo que suma lenguaje y turnos sociales. El desarrollo está integrado, aunque las listas separen las habilidades en categorías para que se entiendan mejor.

No hace falta ponerle un objetivo educativo a cada juego. El valor suele estar en la participación activa de tu hijo o hija y en el intercambio atento que se da alrededor.

Observar, unirse y luego ampliar

  • Observar: espera lo suficiente para ver qué intenta hacer tu hijo o hija.
  • Unirse: imita una acción o añade un comentario sin cambiar su objetivo.
  • Ampliar: cuando la actividad ya le resulta fácil, añade una pequeña variación.

Si un niño de 2 años está poniendo vasos en fila, unirse podría ser poner un vaso al final. Ampliar podría ser ofrecerle un vaso de otro tamaño. Construir una torre, en cambio, sustituiría su idea por el plan del adulto.

Cada forma de juego tiene sus fortalezas

El juego físico practica el equilibrio y el control del cuerpo. El juego con objetos desarrolla la exploración y la resolución de problemas. El juego simbólico permite representar experiencias y papeles. Las canciones y los juegos sociales construyen la anticipación y los turnos. El juego creativo ofrece opciones sin una única respuesta correcta. Un niño no necesita todas las formas todos los días.

La repetición es donde se pule lo aprendido

Los adultos se fijan en lo nuevo, pero los niños suelen aprender haciendo lo mismo otra vez. La repetición hace el patrón básico lo bastante previsible como para notar un detalle más pequeño. Deja que la actividad conocida siga siendo conocida durante varios turnos antes de introducir un cambio. Esto es especialmente útil para los niños que necesitan más tiempo para procesar el lenguaje o la información sensorial.

Elegir juguetes por lo que tu hijo o hija puede hacer con ellos

Un juguete útil permite que el niño actúe. Los vasos se pueden sostener, llenar, encajar y esconder. Un pañuelo se puede mirar, se puede tirar de él y se puede usar para jugar a taparse la cara. Los juguetes con un botón y un resultado automático pueden captar la atención, pero ofrecen menos decisiones. Rota una selección pequeña en lugar de tenerlo todo a la vista.

Adaptar el juego sin quitarle valor

Un niño con alguna diferencia de movimiento, sensorial, de audición o de visión puede necesitar los materiales colocados de otra forma, más contraste, un lugar más tranquilo o agarres adaptados. Mantén el propósito del juego y cambia el acceso. Pide ideas al equipo profesional que acompaña a tu hijo o hija para favorecer su participación, sin convertir cada interacción en terapia.

Cuando jugar se vuelve difícil

Comenta las preocupaciones persistentes si tu hijo o hija casi nunca explora, tiene muy pocas formas de comunicarse mientras juega, se angustia muchísimo con la mayoría de las oportunidades de juego o pierde habilidades. Ten en cuenta también obstáculos prácticos como el cansancio, el dolor, la audición, la visión o un ambiente demasiado ajetreado. Observar en varios lugares dice más que una sola sesión de juego en un sitio desconocido.

Una buena pregunta para cerrar es si tu hijo o hija tuvo espacio para elegir. Elegir puede ser algo tan pequeño como escoger el objeto, decidir la acción o hacer una señal cuando el juego ha terminado.

Lo esencial: En lugar de preguntarte "¿qué debería enseñarle?", prueba con "¿qué está intentando descubrir?". Esa pregunta suele mostrar el mejor siguiente paso.

American Academy of Pediatrics, Promoting Safe, Secure, Nurturing Relationships

UNICEF, Care for Child Development