Mi hijo no es cariñoso: cómo darle cariño si no le gustan los abrazos
Quizá eres de abrazos y tu hijo o hija se escurre en cuanto intentas un acercamiento. Quizá nunca buscó mimos como parecen buscarlos otros niños, y te has preguntado en silencio si te estás perdiendo algo, o si siente tu amor. Tranquilidad. Los niños expresan y reciben la cercanía de formas muy distintas. Dar cariño a un niño poco mimoso consiste simplemente en encontrar el idioma del amor que encaja con el hijo o la hija que tienes de verdad.
Ser de mimos es temperamento, no un veredicto
Hay niños cariñosos con el cuerpo desde que nacen, que se acomodan en cada abrazo. Otros son más reservados con su cuerpo: prefieren menos contacto, más espacio o el cariño solo cuando ellos deciden. Suele ser simple temperamento, tan natural como ser ruidoso o callado, prudente o atrevido. Un niño que esquiva los abrazos no te está rechazando ni es emocionalmente frío. Simplemente tiene otra zona de comodidad. Cuando dejas de leerlo como un problema, puedes empezar a encontrarte con tu hijo o hija donde está.
Deja que marque el ritmo del contacto
La forma más segura de que un niño reservado se abra a la cercanía es, paradójicamente, dejar de insistir. Cuando el contacto se fuerza, el niño se tensa y se aleja todavía más. Cuando respetas sus señales, se relaja y muchas veces se acerca por iniciativa propia. Fíjate en los momentos en que sí acepta el contacto: un abrazo con sueño antes de dormir, sentarse cerca durante un cuento, pedir que le acaricies la espalda cuando se encuentra mal. Deja que esos momentos ocurran sin lanzarte sobre ellos. Respetar los límites de su cuerpo le enseña además que su "no" se respeta, una lección vital para toda la vida.
El amor tiene muchos idiomas
Si los abrazos no son su canal, hay muchos otros. El cariño es todo lo que dice "me encanta estar contigo", y no tiene por qué incluir un apretón:
- Jugar a lo que le gusta, en el suelo y a su manera.
- Escuchar de verdad cuando te habla de lo que le interesa.
- Pequeños gestos de cuidado: su merienda favorita, una nota en la mochila.
- Bromas compartidas, voces graciosas y risas.
- Compañía tranquila: sentarte cerca mientras hace sus cosas.
Para muchos niños poco mimosos, la atención encantada y la diversión compartida llegan mucho más hondo de lo que llegaría cualquier abrazo. Esa es la esencia de todo esto.
Prueba la cercanía de lado
Los niños reservados suelen preferir un estar juntos que no implique ponerse frente a ti y ser apretados. Sentarse uno al lado del otro en el sillón, caminar juntos, construir algo en pareja o charlar acostados a oscuras antes de dormir puede resultar cercano y seguro para un niño al que un abrazo de lleno le resulta demasiado. Esa cercanía hombro con hombro es cariño auténtico. Solo llega en una forma que tu hijo o hija puede recibir con comodidad.
Encuentra el contacto que sí acepta
Incluso un niño al que no le gustan los abrazos grandes suele aceptar formas de contacto más pequeñas, ligeras o juguetonas. Chocar los cinco, chocar los puños, despeinarle un poco, una mano un momento en el hombro, un juego de cosquillas, jugar a caballito o jugar a luchar pueden transmitir calor físico de una forma que le resulta manejable. Ofrécelos con ligereza y deja que elija. Con el tiempo, muchos niños reservados amplían su zona de comodidad cuando nunca se les impuso el contacto.
Dilo y muéstralo con palabras
Nunca subestimes el cariño dicho y mostrado. Decirle con claridad y a menudo que le tienes muchísimo cariño, que te alegra su presencia, que disfrutaste del rato juntos llega sea cual sea su temperamento. Fíjate en lo que aprecias de tu hijo o hija y dilo en voz alta. Deja palabras de cariño donde las vaya a encontrar. Para un niño que no expresa el amor con el cuerpo, oírlo y verlo en tu cara y en tu tono importa muchísimo. Las palabras no cuestan nada y llegan hasta a la personita más independiente.
No te lo tomes como algo personal
Es fácil, sobre todo para un adulto cariñoso, sentir un pequeño pinchazo cuando un niño se aparta. Intenta que esa herida no se filtre como frialdad o distancia, porque el niño puede leerla como rechazo. La reserva de tu hijo o hija tiene que ver con su manera de ser, no con tu valor como madre o padre. Sigue ofreciendo calidez en las formas que puede aceptar, sin hacerle sentir culpable ni echarle encima tus emociones. Un amor estable y sin rencor es justo lo que ayuda a un niño reservado a seguir unido a ti con seguridad.
Cuándo conviene fijarse en la falta de cariño
La reserva por temperamento es normal, pero algunos patrones merecen una mirada más atenta. Si tu hijo o hija muestra de repente mucho menos cariño que antes o se aísla, evita todo contacto visual y la relación con los demás, parece angustiarse con sensaciones corrientes como un roce suave o ciertas texturas, o muestra retrasos en la comunicación y la interacción, vale la pena comentarlo con tu pediatra. Puede tranquilizarte o, si hace falta, orientarte hacia más apoyo. Fiarte de tu intuición siempre es razonable.
El vínculo que hay debajo
Tu hijo o hija no necesita ser de mimos para tener un vínculo profundo contigo, ni necesita recibir el amor a tu manera para sentirlo. Cuando le das cariño en su idioma en lugar de exigirle que aprenda el tuyo, haces algo silenciosamente generoso. Ese respeto, más que cualquier abrazo, es lo que le dice a un niño que recibe un amor de verdad y sin condiciones.
Lo esencial: Respeta los límites de tu hijo o hija y habla su idioma del cariño, ya sea el juego, las palabras o la cercanía de lado, en lugar de insistir en los abrazos.