Por qué cambia el apetito de los niños mientras crecen

Pocas cosas inquietan tanto como un hijo o una hija que de repente deja de comer. Un mes dejaba el plato limpio y ahora mueve la comida de un lado a otro y se escurre de la silla. Antes de pensar que algo va mal, ayuda saber que el apetito cambia durante el crecimiento por motivos muy normales, y que sube y baja al compás de lo rápido que está creciendo.

El apetito sigue al crecimiento, no al calendario

El hambre de un niño está muy ligada a su ritmo de crecimiento, y ese ritmo es irregular. Durante un estirón el cuerpo necesita más combustible, así que el apetito sube y parece que no tiene fondo. En las temporadas más tranquilas entre estirón y estirón, el cuerpo necesita menos y el apetito baja de forma natural. Como estos empujones son irregulares, el apetito puede cambiar de una semana a otra sin seguir ningún horario ordenado.

Por eso el apetito puede cambiar durante la infancia de formas que parecen exageradas. Una etapa de comer con ganas seguida de otra de comer poco no es un problema que haya que resolver. Es el cuerpo ajustando con sensatez lo que come a lo que necesita.

El frenazo después del primer año

Hay un momento que sorprende a muchas familias: la bajada del apetito después del primer año. Los bebés crecen a una velocidad asombrosa y comen en consecuencia, pero más o menos a partir del primer cumpleaños el crecimiento se frena bastante, y el apetito se frena con él. Un niño que antes devoraba todo puede parecer de pronto que vive del aire.

Este frenazo es normal y esperable. Entre 1 y 3 años, además, los niños se interesan más por el mundo que por la mesa, quieren hacer más cosas por su cuenta y dicen "no" simplemente porque pueden. Todo eso puede hacer que la forma de comer parezca caótica mientras el crecimiento sigue su curso sin hacer ruido.

Cosas cotidianas que cambian el hambre

Además del propio crecimiento, muchas cosas corrientes suben o bajan el apetito de un niño:

  • Una enfermedad, los dientes o la nariz tapada, que suelen hacer que coma menos unos días.
  • El cansancio, porque un niño con exceso de cansancio muchas veces come mal.
  • La emoción, las distracciones o un día muy movido que compiten con sentarse a comer.
  • Las meriendas y la leche, que pueden quitar el hambre para la comida siguiente si se dan demasiado cerca.
  • Las emociones y las etapas de reafirmar su independencia, sobre todo entre 1 y 5 años.

Saber leer esto te ahorra mucha preocupación, porque la mayoría de los cambios de apetito a corto plazo tienen detrás algo sencillo y pasajero.

Cómo responder sin pelear

La respuesta más estable ante un apetito cambiante es que tu papel sea tranquilo y constante. Un reparto útil funciona bien: tú decides qué comida se ofrece y cuándo, y tu hijo o hija decide si come y cuánto. Así se respetan los vaivenes naturales del hambre y las comidas siguen siendo tranquilas.

Algunos hábitos prácticos que ayudan:

  • Ofrece comidas regulares y meriendas planificadas, con agua entre medias, para que un niño con hambre tenga ocasiones previsibles de comer.
  • Sirve porciones pequeñas y deja que pida más, en lugar de insistir en que termine.
  • Evita la presión, los sobornos y los dramas, que suelen empeorar las cosas y desconectan al niño de su hambre.
  • Sigue ofreciendo variedad, incluidos los alimentos que ha rechazado, sin comentarios.
  • Coman juntos cuando se pueda, porque los niños aprenden muchísimo copiando.

Confiar en el apetito de tu hijo o hija con sus altibajos crea un patrón más sano a largo plazo que intentar controlar cada bocado.

Valorarlo a lo largo de la semana

La mejor manera de no perder la perspectiva es mirar lo que come a lo largo de varios días y no en una sola comida. Un niño que apenas prueba el almuerzo puede compensarlo en el desayuno o en la merienda, o en los días siguientes. El crecimiento se alimenta del patrón semanal, no del plato suelto, así que una mala comida, o incluso un mal día, rara vez importa en un niño sano y activo.

Si tu hijo o hija juega con energía, crece por su propia línea y en general está bien, un apetito con altibajos casi siempre es solo parte del crecimiento normal.

Cuándo un cambio de apetito merece una consulta

Algunos patrones merecen hablarse con tu pediatra. Consulta si comer menos viene con pérdida de peso, poco aumento de peso con el tiempo, poca energía, vómitos frecuentes, enfermedades que no se van o hitos que no llegan. Un apetito escaso que dura mucho más que una etapa normal de comer poco, un niño que parece enfermo de verdad y no simplemente entre dos estirones, o la dificultad para tragar, los atragantamientos o el dolor al comer también merecen consejo.

No tienes que diagnosticar la causa. Cuenta lo que ha comido tu hijo o hija en una semana normal y lo que has notado en su energía, su humor y su crecimiento, y lleva tus registros si los tienes.

Navegar las olas del apetito

Un apetito que cambia es una de las sorpresas más previsibles de los primeros años. Algunas semanas tu hijo o hija come como si no hubiera mañana, otras picotea, y las dos cosas suelen ser simplemente el crecimiento haciendo su trabajo. Ofrece buena comida a horas regulares, deja que decida cuánto, valóralo a lo largo de la semana y guarda tu preocupación para los patrones que de verdad la merecen.

Visto así, que el apetito cambie durante el crecimiento resulta mucho menos alarmante y mucho más comprensible, y te deja libre para disfrutar de las comidas en lugar de temerlas.

Lo esencial: El apetito de un niño sube y baja con su crecimiento irregular, así que habrá etapas de comer mucho y de comer poco; ofrece comida a horas regulares, deja que decida la cantidad y valora lo que come a lo largo de la semana.

NHS, Fussy eaters

CDC, Toddler nutrition and feeding