Mi hijo copia los dibujos de los demás: ¿es un problema?
Lo notas en la mesa de manualidades o en la pared de la guardería: el dibujo de tu hijo o hija es casi idéntico al que acaba de hacer su amigo, con el mismo sol morado y el mismo gato de tres patas. Puede despertar una punzada de preocupación: ¿solo imita en lugar de pensar por su cuenta? Cuando un niño copia los dibujos de los demás, casi siempre es una parte normal, e incluso útil, del aprendizaje, aunque hay maneras suaves de animar también su propia voz.
Copiar es como aprenden los niños
Mucho antes de dibujar, los niños aprenden casi todo mirando e imitando a otros: a decir adiós con la mano, a hablar, a usar la cuchara. El dibujo no es una excepción. Cuando copia el dibujo de un compañero, está estudiando cómo resolvió su amigo el problema de "¿cómo se hace una persona?" y lo prueba por su cuenta. Es aprendizaje de verdad, no pereza ni falta de imaginación. Copiar le permite tomar prestada una técnica que todavía no podía inventar, y esa técnica prestada pronto se vuelve suya.
Por qué puede estar haciéndolo
Hay varias razones inofensivas. Puede admirar al otro niño y querer parecerse. Puede no saber todavía cómo dibujar algo y encontrar un modelo a mano. O puede simplemente disfrutar de la conexión de hacer lo mismo juntos. Además, los niños pequeños no suelen tener muy claro que un dibujo "pertenece" a alguien, así que copiar les parece natural, no tramposo. En la mayoría de los casos refleja sociabilidad y ganas de aprender.
Cuándo merece una mirada más atenta
Copiar solo merece atención si parece desplazar por completo sus propias ideas o si viene con sufrimiento. Un niño que no puede empezar ningún dibujo sin un ejemplo, que se angustia por hacerlo "mal" o que dice que no vale nada si su dibujo no se parece al de otro puede necesitar un poco de refuerzo de la confianza. Aun así, suele tratarse de cultivar su seguridad, no de un problema real. Copiar de vez en cuando, junto con mucho dibujo libre, no es motivo de preocupación en absoluto.
No hacer un drama
Lo más importante es no avergonzar ni corregir de más. Regañar por copiar, o señalarlo con ansiedad, puede hacer que le dé vergüenza dibujar. Como la imitación es una herramienta sana de aprendizaje, tratarla como una falta manda un mensaje confuso. Mantén el cariño y la naturalidad. Si te enseña con orgullo un dibujo muy parecido al de su amigo, admira su esfuerzo como harías con cualquier otro y deja pasar la copia sin comentario.
Alimentar sus propias ideas con suavidad
En lugar de frenar la copia, puedes ensanchar en silencio la puerta a las ideas propias. Propón temas sacados de su vida: "¿Dibujamos lo que vimos hoy en el parque?" o "¿Puedes dibujar tu cena?". Los temas personales son más difíciles de copiar y le invitan a mirar hacia dentro. También puedes ofrecerle cosas interesantes para dibujar, como una concha, un juguete o lo que se ve por la ventana, que llevan su atención hacia la observación y la apartan de la hoja del vecino.
Celebrar lo que es solo suyo
Cuando añada algo propio, aunque sea un detalle pequeño, fíjate con cariño. "Le pusiste rayas a tu gato, eso no lo había visto nunca" le dice que sus toques personales se valoran y resultan interesantes. Elogiar las decisiones únicas, y no lo bien que quedó una copia, le lleva poco a poco a confiar en sus ideas. Con el tiempo, los niños que sienten que su originalidad es bienvenida se atreven más a apartarse de lo que hacen los demás.
Dibujar a su lado, con tus propias ideas
Dar ejemplo importa. Cuando dibujes a su lado, toma tus propias decisiones en voz alta: "Creo que hoy le voy a poner a mi casa un tejado torcido". Ver a un adulto de confianza inventar libremente y hacer trazos imperfectos y personales le enseña que un dibujo no tiene que parecerse al de nadie. Que tus dibujos sean sueltos y juguetones. Un niño que te ve disfrutar de tus ideas, errores incluidos, aprende que ser original es seguro y divertido, no arriesgado.
El desarrollo, en perspectiva
A medida que crecen, el dibujo pasa de forma natural de la imitación a una expresión más personal, aunque el ritmo varía muchísimo. Un niño de tres años copia mucho; uno de cinco o seis suele desarrollar maneras reconocibles y propias de dibujar sus cosas favoritas. Así que una etapa de mucha copia muchas veces se resuelve sola con tiempo y práctica. La paciencia y muchas ocasiones tranquilas de dibujar hacen más que cualquier empujón para que sea "original".
Cuándo buscar tranquilidad
Copiar no es una señal de alarma, pero nadie conoce a tu hijo o hija como tú. Si tienes otras dudas, por ejemplo, si parece incapaz en general de jugar o pensar con imaginación en muchas actividades, evita todo juego creativo o de imaginar, o sufre de forma marcada y persistente por sus capacidades, puede valer la pena comentarlo con tu pediatra o con su educadora. Pueden mirar al niño en conjunto y ofrecerte tranquilidad o apoyo. Para la mayoría de las familias, eso sí, copiar en la mesa de arte no necesita más que una actitud relajada.
Lo que tranquiliza
Un niño que copia el dibujo de un amigo suele estar haciendo justo aquello para lo que los niños están hechos: aprender mirando a quienes le rodean. Quítale importancia, alimenta sus ideas con temas personales, celebra sus toques únicos y dibuja tú con libertad. Su estilo propio aparecerá a su tiempo, y será más rico gracias a las técnicas que tomó prestadas por el camino.
Lo esencial: Copiar es una forma normal de aprender a dibujar: tómalo con calma y alimenta sus ideas propias con temas personales y elogios cálidos a sus toques únicos.